Columna de Rafael Lenín López: Desprendimiento

Es la palabra que más ha resonado en el mundo político en estos días. La usó David Bernier para sugerir la renuncia de Jaime Perelló de la presidencia de la Cámara. Perelló, el gobernador y muchos otros no lo entendieron de inmediato hasta que se habló más claro.

Aunque no lo parezca, la palabra encierra mucha más pertinencia de la que supuso el dramático episodio reciente. 

Esta noche los candidatos debaten y es imperativo que los políticos, de cara a las elecciones próximas, comiencen a desprenderse de las ideas tradicionales y adopten propuestas radicales para gobernar a un país que parece estar secuestrado por el pesimismo, la idiotez en el debate público y la incertidumbre.

Los partidos y sus candidatos tienen que desprenderse de muchas cosas para realmente ser distintos colocándose a tenor con los tiempos.

Hay que desprenderse de la dependencia y el mantengo para abrazar la producción y el trabajo como fórmula de éxito.

En los tiempos de una junta fiscal que no responde a nuestro sistema de funcionarios electos, tenemos que desprendernos de la ayuda externa para articular proyectos a largo plazo que sean autosustentables y que al menos prometan un mejor porvenir.

Tenemos que desprendernos de la teta que ya no da más leche y a la que estamos pegaos como niños malcriados.

Tenemos que desprendernos de la ineficiencia como estilo de trabajo en el sector público y en la empresa privada. Hay que desprenderse de la desesperanza, del constante quejido y del cansancio que nos contagia a unos y otros. Hay que desprenderse del optimismo tonto que se queda en frases y emblemas que no nos llevan a ninguna parte.

Tenemos que desprendernos de los políticos incultos que llegan al poder porque se creen que se trata de un escenario artístico. También de los que proponen ideas fantásticas e inalcanzables, así como de los que hablan de gobiernos de consensos y mesas de unidad como si la disidencia fuera un pecado.

Nuestros políticos tienen que desprenderse de los Anaudi de la vida, pero de verdad. No pidiendo renuncias como quien sigue los consejos de Maquiavelo al príncipe en el siglo XVI cuando le advertía que sus decisiones tienen que ser duras, no importa si son hipócritas, para mantener la buena imagen ante el ciudadano. El desprendimiento al inversionismo político ocurrirá cuando se produzcan leyes que así lo erradiquen, aun suponiendo ello un reto a la jurisprudencia del norte que lo valida comparándolo con el derecho a la libertad de expresión.

El desprendimiento no debe ser pasajero ni para que, a 70 días de las elecciones, las candidaturas heridas reciban impulsos momentáneos. 

El desprendimiento de las cosas que nos han traído hasta aquí tiene que ser total, a todos los niveles y permanente. Veamos qué ellos dicen esta noche.

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