Columna de Mariliana Torres: El dolor del fotoperiodismo

Columna de Mariliana Torres: El dolor del fotoperiodismo

Mahmoud Ruslan dice ser fotoperiodista. Otros lo identifican como amigo de los terroristas que decapitan en Alepo, la ciudad más grande de Siria. Pero el día que el mundo lo conoció estaba en su día a día, entre bombas. Si no es fotoperiodista, actuó como uno al identificar la imagen perfecta para reclamar ayuda humanitaria. Sin embargo, recibió miles de insultos por usar la imagen de un niño herido. Si se resguardó tras el caparazón de un fotoperiodista, lo desconozco. Pero en la desafiante tarea de rescatar imágenes de lo que queda de Alepo se encontró con lo peor.

Alepo no es Alepo desde el 2011, cuando comenzaron los bombardeos. Su gente vive horrorizada y trata de escapar todos los días porque vive entre muertos. El fotógrafo Ruslan fue entrevistado por periodistas luego de que una fotografía que publicó se hiciera viral. Probablemente la imagen más vista en la última  semana y que podría incluso ganar el Premio Pulitzer por la información que transmite. Es una imagen que no necesita que el protagonista de esta sea entrevistado.

La fotografía llena de dolor circuló por el mundo en menos de cinco minutos y apareció en todas las portadas. ¿Qué tenía esa imagen que llamó la atención de todos? Evidentemente, no era una fotografía bella ni irradiaba felicidad. Contrastaba con la celebración que permeaba en los Juegos Olímpicos de Río 2016.  Era una imagen llena del dolor que miles de personas día a día viven en Alepo y que cientos de fotoperiodistas identifican y lo convierten en información. Ruslan fue entrevistado por periodistas conmovidos con la imagen que presentaba al pequeño Omran Dagnees, superviviente de un bombardeo que impactó su casa en Alepo. Entre las ruinas varios rescatistas dieron con Omran. Cuenta Ruslan que le impactó demasiado que el niño no llorara. Omran estaba bañado en sangre, herido y golpeado, pero en silencio. Los rescatistas, en su conmoción de salvar personas, quizá no se dieron cuenta de ello porque sus miradas no son de fotoperiodistas. En el caso de Ruslan, aseguró que percibió en ese silencio toda la información que se desprende de una imagen fotoperiodística para transmitir emociones y palabras.

Ruslan se identifica como fotoperiodista de guerra, es decir, ha visto lo que en esta vida nadie querría ver. Otros dicen que se codea con los terroristas. Solo él y su almohada saben si duerme bien. En este episodio de su arriesgada presunta profesión, Ruslan dijo que ayudaba a los rescatistas mientras grababa y tomaba fotografías. Pero al divisar al menor que no se quejaba todo cambió. Lloró amargamente mientras capturaba la imagen del niño de cuatro años evidentemente traumatizado. El pequeño incluso lo miró, y ese cruce de miradas fue como una puñalada al corazón. En sus ojos se reflejaba el sufrimiento de su familia que a tan tierna edad ha tenido que afrontar. Cuando el niño fue trasladado a la ambulancia, no actuó como niño inquieto y herido. En un instante su infancia desapareció. El chiquillo aguardó pacientemente en el asiento de la ambulancia y de repente llevó su mano al rostro, donde encontró sangre, y, como si fuera algo común, la esparció entre su piel y el asiento. Parecería que el color rojizo de su sangre no lo deslumbró ni lo acobardó. Acostumbrado a una escena tan grotesca, el menor se aferró a su asiento, no llamó ni extrañó a sus padres y continuó observando fijamente al fotógrafo que dejó de grabar video y se dedicó solo a capturar fotografías.

Al día siguiente, contó Ruslan que la familia del niño sobrevivió al ataque. Tamaña sorpresa se llevó cuando todo el mundo estaba hablando de su fotografía viral. Vaya manera de hacerse famoso. Ruslan se alegró de que el mundo conociera por su trabajo el horror de la guerra con el fin de que de una vez y por todas termine. Aunque muchos cuestionan si se le debe considerar fotoperiodista, Ruslan divisó la imagen que vale más que mil palabras. Como residente también en Siria, la vida lo ha llevado a fotografiar el horror. La comunidad internacional no ha podido identificar una pronta salida a este conflicto. Por el momento, la única salida para llamar la atención han sido las miles de fotografías que claman ayuda humanitaria. Así los medios de comunicación se han sumado a la guerra pero mediática por prevalecer. ¿Quién es Ruslan? Solo él lo sabe.