Columna de Hiram Guadalupe: Mayorías equivocadas

Por Hiram Guadalupe @hiramgp

En el año 1947 el Apartheid triunfó mayoritariamente en Sudáfrica. Las implicaciones de aquel evento las conocemos: el sector blanco de la población, que era minoritario, asumió el control del poder político implantando un régimen racista y segregacionista abominable.

A aquellos ciudadanos negros y negras se les discriminó prohibiéndoles entrar en lugares públicos, negándoles el acceso a la educación y restringiendo sus libertades.

Los regentes del poder, aquel grupo de blancos minoritarios, defendían sus posturas amparados en la alegada voluntad mayoritaria. Bajo esa premisa reprimieron la oposición e incrementaron las prácticas persecutorias. Estaban equivocados.

En Ruanda, en 1994, la mayoría hutu decidió el exterminio de la minoría tutsi con la intención de desaparecerlos del mapa, en lo que ha sido considerado uno de los genocidios más atroces de nuestra historia contemporánea. Los hutus eran mayoría y se agenciaron el poder político para asumir control total, al extremo de pretender aniquilar a los tutsis. Aquella mayoría también se equivocó.

A principios de la década de 1920, el italiano Benito Mussolini lideró el Bloque Nacional, fuerza política fascista en la que convergieron liberales, conservadores y católicos y que, tras dominar un evento electoral, se agenció el control del Parlamento Italiano.

El gobierno de Mussolini arremetió contra las libertades democráticas de los italianos. Hubo censuras, persecuciones, encarcelamientos y asesinatos contra todo lo que se asumía como disidencia. El resultado de sus acciones mostró la gran equivocación histórica de aquella mayoría política.

Poco después, en 1933, el Partido Nacional Socialista que dirigía Adolfo Hitler en Alemania obtuvo el 33 por ciento de los votos superando ampliamente al resto de sus cinco contendores. Al amparo del poder de su mayoría, en pocos meses el nacismo alemán aniquiló la oposición, asesinó la democracia y puso en práctica una agenda de odio e intervencionismo imperial.

Hitler controló a una mayoría alemana que llegó a adorarlo e idolatrarlo. A nombre de esa mayoría cometió barbaridades, asesinó a miles de personas inocentes y llevó a la humanidad al estallido de su Segunda Guerra Mundial.

Más atrás en la historia, en tierras de Jerusalén, en el año 33 d.c, Jesucristo fue crucificado tras el clamor de una mayoría de romanos y judíos. No hay que abundar mucho sobre la gran equivocación de aquella mayoría.

Años después, en la época de la Inquisición, en 1633, una mayoría de religiosos condenó al Galileo Galilei luego de este exponer y defender ante un tribunal su teoría científica sobre la tierra. El astrónomo, filósofo y matemático fue inculpado por contrariar y enfrentar la visión dogmática de aquella mayoría religiosa que, como ya conocemos, estaba muy errada.

Como vemos, los ejemplos muestran que las equivocaciones de las mayorías son incontables. Peor aún, bajo la ilusión “democrática” que defiende la voluntad de las mayorías se pueden cometer muchos errores, razón por la que hay que tener cautela en cómo se articulan ciertos postulados políticos.

En Puerto Rico, sin embargo, hay quienes arrastrados por la corriente del populismo demagógico están encaminados a abordar una ruta de equivocaciones irreversible. Es lo que sucede con el Partido Popular Democrático y su insistencia en defender y propulsar la anexión de la isla a Estados Unidos, en caso que esa opción política resulte victoriosa en el referéndum estadidad si o no que, de ganar los próximos comicios, pretenden celebrar en enero de 2017.

La justificación a esa postura, expresada por el liderato que encabeza esa colectividad, es que “hay que defender la voluntad de la mayoría del pueblo”. De esa manera, pretenden lucirse como “democráticos” mientras se aferran a una postura ideológica que, además de su inviabilidad, ya tiene representación electoral en la plataforma del Partido Nuevo Progresista.

El resto de los militantes y seguidores del pepedé parece obviar que la posición que encauza su dirigencia política va cavando la fosa de esa colectividad y lo harán a nombre de la percepción que alegan tener sobre la presunta voluntad mayoritaria del pueblo puertorriqueño.

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