Columna de Mariliana Torres: Periodismo Olímpico

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

Nuestro trabajo siempre ha sido difícil, o a veces nos lo complicaban por falta de conocimiento de las personas que organizan eventos y conferencias de prensa. Peor es cuando ocurren noticias del momento donde la acción no se detiene y hay que darse prisa porque de lo contrario se acaba el desarrollo de la historia en un pestañear. Sin embargo, como nos gusta lo que hacemos, estamos acostumbrados a aguantar desplantes, empujones, pataletas, escupitajos, pisotones, amenazas de todo tipo, en fin, todo tipo de circunstancias y condiciones. Uno de los eventos que todo periodista, independiente de su especialidad, le gustaría cubrir son las Olimpiadas que se celebran cada cuatro años. Un espectáculo mundial sin precedentes que actualmente disfrutamos y que agrupa la cultura, la solidaridad, el respeto, así como el despliegue del sacrificio de miles de atletas y sus familiares. Porque si bien hay que aplaudir a los atletas cada vez que se ganan una medalla olímpica, también es meritorio aplaudir a los padres que estuvieron en canchas, piscinas, parques y centros de entrenamiento por largas horas, días y años. Bravo por ellos. Para que usted tenga una idea de lo difícil que resulta cubrir este tipo de evento, piense nada más en que cada periodista tiene cinco minutos o menos para resumir cada deporte por la prisa de la inmediatez y la presión de las redes sociales que siempre le ganará en tiempo. El Comité Olímpico Internacional, por lo menos, no ha colocado exigencias, ni cortapisas en la publicación periodística en las redes sociales. Cada medio de comunicación ha levantado su plataforma digital para poder competir con la inmediatez de los resultados en las redes. Curiosamente, las disciplinas que más se cubren son natación, gimnasia y baloncesto. Ya al final se une el atletismo. No es cuestión de gustos, es que es imposible cubrir todas las disciplinas por la falta de recursos y tiempo.

El periodista que cubre este tipo de evento también debería ser olímpico. Es decir, tener el conocimiento de todos los deportes para poder hacer una cobertura inteligente y hacer la crítica correspondiente. De hecho, los periodistas olímpicos se cultivan tal como lo hacen los atletas. Al que realmente le interesa, se encarga de llevar sus estadísticas y analizar cada una de las disciplinas. No teme hacer las críticas correspondientes cuando observa algo mal o cuando los comités olímpicos desplantan a los deportistas con decisiones burocráticas. El periodista olímpico es respetuoso y cortés con el atleta sin ser temeroso. El periodismo deportivo es una de esas corrientes periodísticas que le permite opinar, pero repito, con respeto. Le daré un ejemplo. El veterano periodista Bob Costa, quien lleva 44 años en cubriendo las Olimpiadas, criticó la decisión del Comité Olímpico Internacional de eliminar las caretas de protección en la disciplina del boxeo. Un mal golpe podría echar al zafacón la carrera de un atleta de esa disciplina. Consulté con un periodista deportivo de Puerto Rico quien lleva 30 años en la cobertura y me señaló que en ocasiones algunos periodistas deportivos nacientes no se atreven a criticar por miedo a perder sus trabajos y porque algunos no reciben el respaldo de su patrono. Es completamente aceptable y permitido provocar el debate entre deportistas, aclarar asuntos y dar la oportunidad a los que toman decisiones incorrectas de rectificar. La crítica de Costas provocó que el Comité Internacional reaccionara y explicara su determinación. Ese tipo de cambio sustancial en algunas disciplinas responden, según me explicó el periodista deportivo consultado, a la profesionalización de los deportes que respalda Estados Unidos. Por eso vemos a atletas del calibre de Serena Williams en unas Olimpiadas o el equipo de baloncesto estadounidense dándole pelas a los demás y ahora quedándose en un lujoso crucero fuera de la Villa Olímpica. Bien o mal está sucediendo.

El deporte debe unir, no desunir por lo que la crítica debe ir encaminada a provocar que se mejoren las cosas y bajo ninguna circunstancia a ocasionarle una desilusión o presiones indebidas al atleta que ya tiene bastante con la exigencia que él o que ella misma se coloca con tal de llevarle la alegría a su respectivo país.
 

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