Columna de Yolanda Rosaly: Hasta aquí me trajo este tren

Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly

Por primera vez no sé por dónde empezar… Llevo horas tratando de comenzar esta columna y, finalmente, decidí iniciarla de la forma en que he escrito todas las anteriores: con honestidad. Hoy esa misma sinceridad me lleva a confesar que, tras más de 30 años en el mundo de las comunicaciones, me faltan las palabras. ¿Por qué? Pues porque, luego de formar parte del extraordinario equipo de Metro desde el mismísimo primer día de su publicación en Puerto Rico, llegó la hora de decir “hasta luego”.

Esta columna tuvo siempre como norte compartir con todos los lectores, ya fuera desde el tradicional periódico impreso o de los miles de cibernautas, mis opiniones sobre todo lo relacionado con el mundo del espectáculo, donde, por azares del destino, trabajé por muchos años en diversas empresas.

En resumen, allá para los 80, me contrataron para hacerle las vacaciones a una reconocida periodista de lo que muchos se empeñan en llamar farándula, y, para mi sorpresa, esa apreciada reportera nunca regresó, pues se encaminó, para aquel entonces, en el recién estrenado mundo de las relaciones públicas y en el que triunfó plenamente. Así las cosas (como precisamente se ha titulado esta columna en Metro), comencé una carrera en la que he laborado con intensidad, pero, sobre todo, siempre con absoluto respeto.

¡Las vivencias y anécdotas son miles! Pero no voy a aburrirlos con ninguna de ellas (aunque estoy segura que, probablemente, les encantaría conocer una que otra sumamente jugosa… Quizás en otro momento; quién sabe…). Creo que, al fin y al cabo, lo realmente importante de esta experiencia en Metro ha sido la oportunidad de intercambiar ideas y reacciones con muchos de los lectores gracias, sobre todo, a la tecnología.

En cuanto a aquellos a quienes mencioné en las columnas, a los que se sintieron aludidos —ante críticas positivas y otras que no lo fueron— quedo agradecida de su espíritu deportivo y respeto. Mi intención siempre ha sido aportar, sumar, ofrecer alternativas, como creo que debe ser la norma de todo en la vida.

Debo confesar que se me quedaron en el tintero varios temas y artistas de quienes comentar sus ejecutorias, unas excelentes y otras no tan buenas. Pero el mundo da muchas vueltas, y estoy segura que en el algún momento tendré la oportunidad de ponerlas en blanco y negro.

Por el momento y resumiendo, quedo con la preocupación de aquellos que no terminan por tomarse en serio su trabajo en el mundo de las comunicaciones, incluyendo a artistas, animadores, etcétera, que siguen pensando que su trabajo comienza y termina cuando se enciende y luego se apaga la cámara o el micrófono; con aquellos que se empeñan en tomar el camino más cómodo sin dedicarle tiempo a lo que, irónicamente, es lo fundamental: estudiar, ensayar, leer, aprender antes y después de enfrentarse al público. Tomen nota, por favor, por su bien y el de todos los que queremos disfrutar de una televisión y radio con mayor calidad.

Así las cosas, nuevamente y para concluir con lo positivo, insisto en defender esa radio y televisión locales. Aunque hay camino por recorrer y mucho que mejorar, no es menos cierto que se han dado pasos gigantes en la dirección correcta, en el camino de la creatividad y el buen gusto sin dejar a un lado el entretenimiento y la información.

Por lo anterior, termino confesando y a mucha honra que, de la misma forma que, como todos, me siento orgullosa de todos los boricuas que han triunfado alrededor del mundo, también me honro en ser fiel televidente y oyente de nuestros medios locales, quienes con presupuesto muchísimos menores a los de otros mercados internacionales realizan un trabajo extraordinario.

No, no soy de las que anda aparentando lo que no es diciendo que “yo solo veo cable TV”, como todos aquellos que, supuestamente, nunca veían a La Comay, pero se sabían al pie de la letra todos sus chismes. Nuestra isla cuenta con muchos canales y emisoras de gran calidad y artistas, animadores, locutores, periodistas de primer orden, dignos de todo nuestro respeto y admiración. A todos ellos, a todos ustedes, ¡GRACIAS! Por el trabajo y entrega de los primeros, por la fidelidad de los segundos.

Y mi agradecimiento infinito a Metro, donde tuve el privilegio de escribir desde su primera edición; a su editora en jefe, la excelente periodista Aiola Virella, al ahora gerente general y zar de las ventas en los medios, Félix Caraballo, y a todo el equipo ganador del muy bien llamado “periódico más grande del mundo”, ese que, sin lugar a dudas, “se mueve contigo”.

En pocos días me enfrento a otro gran reto profesional en el mundo de las comunicaciones, en el que espero, humildemente, poder aportar positivamente en todo lo que esté a mi alcance. Y Dios permita que cuente con otra oportunidad maravillosa de llegar a ustedes a través de la palabra. ¡Bendiciones para todos y hasta pronto!
 

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