Columna de Rafael Lenín López: La Junta vía UBER

La junta llegó como UBER, a la trágala, a pesar de las protestas de un sector, y hoy la junta parece tan normal en nuestro debate diario, como lo será UBER en nuestras vidas dentro de pocas semanas.

Así ocurren las cosas en nuestro país, sin consecuencias mayores.

Pero no hablaré de UBER. Creo que hay una conmoción exagerada sobre el tema y me luce que su negocio —al menos a corto plazo— no será tan lucrativo como proyectan, estando vedados en las zonas turísticas y siendo nuestra ciudad una repleta de dueños de cantidades excesivas de vehículos debido a la falta de un servicio de transporte colectivo funcional.

Así que dejemos a un lado el tema de UBER, que se irá definiendo hoy en el Tribunal, y hablemos de la junta federal de control fiscal.

Ya están casi todos los boricuas terriblemente resignados a que pronto llegarán siete ciudadanos nombrados por Obama a mandarnos en el país.  También creo —en otro paralelo con el mucho más liviano tema de UBER— que hay una expectativa demasiado alta con la junta.

Escucho a diario, ante las demostraciones más insignificantes de ineptitud o fracaso en cualquier escenario la expresión “¡Por eso tiene que venir la junta!”. Lo dicen todos por ahí.  Parece haber gente que llega al punto de pensar que la junta desarrollará en los puertorriqueños hasta buenos modales y probablemente nos sofistiquen al punto de eliminar el reguetón de nuestra cultura popular. En fin, que nos hará otro país.  Así de ridículo y real es.

Lamento desilusionarlos, pero la junta viene a una sola cosa, a cortar cabezas para pagarles a los bonistas lo que se les debe. Esa es la realidad. No son representantes del Vaticano con una misión de beneficiencia social.

Claro, esto es música para los oídos de muchos. Es comprensible que nuestra población esté hastiada de la clase política que nos ha gobernado, y por eso queremos cualquier cosa que represente una sustitución a ella, aun si eso representa una renuncia implícita al sagrado derecho de escoger a nuestro liderato público.  La gente en la calle se queja del prójimo por seleccionar a los mismos políticos y habla como si no hubiera nada que hacer o no fuera parte del problema. Juan del Pueblo reclama a menudo que “alguien tiene que hacer algo”, pero van derechitos a las urnas a escoger los mismos personajes de siempre. Ya lo veremos en poco más de 100 días.

Así que, ante la junta, qué debe ocurrir.  Coincido con lo dicho por el exgobernador Rafael Hernández Colón el domingo en el programa que conduzco en Wapa TV, Decisión 2016, sobre la ausencia de propuestas realistas de los partidos políticos. Obviamente, ante la falta de dinero en el Gobierno, los políticos tienen un reto enorme de proyectarse atractivos ante el elector sin poder ofrecer obras faraónicas ni mucho menos.

Sin embargo, lo que sí deberían estar presentando los candidatos políticos que están compitiendo por el voto son planes concretos, serios y amplios de desarrollo económico,  incluso en el contexto de un nuevo rumbo en nuestra relación con los Estados Unidos. 

Puerto Rico no saldrá del atolladero en el que se encuentra si nuestra economía no es revivida. Nos irá peor si evadimos estimularla de manera agresiva y surgen los temidos despidos de empleados públicos, como parece que traerán en su recetario los nuevos gobernantes del norte.

David Bernier y Ricardo Rosselló han reconocido la necesidad de presentar un plan. Sin embargo, ambos han fallado en articular propuestas revolucionarias en esa dirección. 

Mientras, el Partido Independentista y la izquierda que está fuera del campo electoral ha desperdiciado una enorme oportunidad de educar al país sobre la pertinencia de la independencia como instrumento de desarrollo económico, más allá de decir que esa opción es la más digna de todas.

Bernabe, Lúgaro y Cidre tampoco parecen haber capturado la esperanza del puertorriqueño.
Así que, ante la junta, necesitamos planes económicos. El Congreso no quizo incluir ninguno en el proyecto PROMESA. Este tiene que salir de la creatividad e ingenio del próximo gobernador o gobernadora para convencer a la junta que lo apruebe.

Si no, la junta nos pasará el rolo, como ocurre en tantas otras instancias. La junta llegó vía UBER a la trágala.