Columna de Mariliana Torres: UBER y yo

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
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UBER es el nombre más repetido en los últimos tres días. Me parece que incluso se convirtió en tendencia en Twitter, usurpando el lugar de la junta de control fiscal. Bueno, es un alivio para los que están cansaditos de ese nombre, que pululará entre nosotros no menos de cinco años día tras día.

Mientras que el nombre UBER da la pelea por su permanencia, decenas de hombres y mujeres trabajadores del transporte están temerosos de que sus ingresos se vean mermados debido a las competitivas ofertas de UBER y la ocupación de sus labores hasta esta semana exclusiva.
Para los que no conocen lo que es UBER, les explico que es una novedosa red de transporte que se maneja a través de una aplicación electrónica en el teléfono móvil. La transacción es con una tarjeta de crédito. La novedad obviamente es por la aplicación electrónica y por el hecho de que no hay que ser taxista afiliado a algún gremio u organización para convertirse en UBER. Es decir, mi carro privado lo puedo convertir en UBER y recibir la comisión de esa compañía de red global de transporte. Estuve en Washington y no me quedó más remedio que acceder a la plataforma electrónica de UBER para poder regresar a mi hotel, porque no había un taxi en el lugar donde estaba. Funcionó y me regresó a mi hotel segura y sin complicaciones. Estuve en Nueva York, donde hay miles de taxistas, pero con la mala suerte de que a la hora pico mañanera ninguno en plena avenida se detuvo para llevarme al aeropuerto, por lo que un UBER me llevó y no perdí mi vuelo. En Italia, gracias a un UBER, pude regresar a mi hotel luego de caminar por las oscuras calles de Roma sin hallar un transporte a altas horas de la noche. En fin, ¿qué le importó a esta viajera empedernida? Buen servicio, seguridad, rapidez, puntualidad, eficiencia, cortesía y bajo costo. Ahora bien, ¿por qué aquí en nuestra bella Isla del Encanto hay tanto revuelo? Sencillo, porque el Gobierno hace todo más difícil.

En lugar de defender la labor de los taxistas locales y asegurarles su ruta en coordinación con la Compañía de Turismo y la Comisión de Servicio Público, ha permitido que el cuarteto (sumen a UBER) se enfrasque en una batalla con cuartel (tribunales y las calles del país) por la permanencia. Las organizaciones que agrupan a los taxistas locales se lo habían advertido al Departamento de Transportación y Obras Públicas y a la Comisión de Servicio Público que la llegada de UBER iba a causar problemas por la reglamentación que debería ser acorde a la de ellos. El Gobierno tuvo todo el tiempo para evitar el disloque y hacer el reglamento, pero sentados los responsables sobre los borradores del reglamento llegó Uber a la zona metropolitana y sin problema alguno les dijo a sus concesionarios: “Circulen, que yo pago las multas”. Así llegó la primera multa cuando un UBER entró al Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín. La posición de la Compañía de Turismo es que un UBER, por las leyes aplicables, no puede recoger turistas en el aeropuerto ni en los muelles de embarque, para así garantizar el trabajo de los transportistas locales. Por eso UBER se ha convertido en una amenaza. Pero, si el condescendiente ha sido el Gobierno y su ineficiencia para anticipar y resolver asuntos, al consumidor o pasajero ni le viene ni le va esta controversia porque, al fin y al cabo, como les conté de mi experiencia, lo que le importa es llegar a su destino seguro y a bajo costo. Si bien la competitividad es buena para robustecer servicios, aquí todos los involucrados han caído una vez más en frustraciones que repercuten en la imagen de la isla hacia el exterior. Una pena que el diálogo entre las partes involucradas haya fracasado y ahora se tendrán que ver las caras en los tribunales. La falta de comunicación y la portavocía con relación a este asunto hace más visible cuán problemático se les hace a las autoridades gubernamentales poder articular una política pública fiable. No se quejen después cuando ciertas personas que están por llegar le digan cómo deben administrar.
 

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