Columna de Mariliana Torres: ¿25 de julio?

Este 25 de julio de 2016 será distinto. Es un día oficial conferido por el Gobierno de Puerto Rico para que los puertorriqueños celebren la Constitución del Estado Libre Asociado y recuerden la invasión estadounidense. En la vida real, sabemos que la mayoría prefiere irse para la playa y darse el chapuzón de la PROMESA o calentar en un ollón una buena JUNTA de pasteles con la consabida cervecita para mitigar el calor en lugar de quemarse bajo el sol escuchando a políticos. Pero este 25 de julio será diferente, porque en una tarima estará toda la representación gubernamental, junto con el primer mandatario del país, sin consigna para celebrar. Mientras, en el público no faltarán las banderas de los populares del corazón del rollo, aunque se recalque que es una actividad oficial gubernamental y no partidista. El contenido del discurso es todo un misterio. Quizá uno de los discursos más difíciles de construir, porque se necesitará redacción convincente ante un Estado Libre Asociado desmembrado.

Sobre todo, lo más difícil será convencer a los que lo escuchan que todo está bien y que el Estado Libre Asociado se podrá desarrollar, cuando en la tarima estarán los soberanistas esperando su momento. Para los periodistas esto es como una escena que se repite y se repite, aunque, en esta ocasión, deberán prestar mayor atención a la sublimación del discurso y a los rostros de líderes políticos que han estado en silencio por semanas luego de que bajaran las decisiones del Tribunal Supremo de Estados Unidos y cuyo contenido asestó un duro golpe al estatus político. El mensajero y el mensaje es importante porque se podrá detectar cuán unido o separado está el partido del actual gobierno a cuatro meses de las elecciones. Repito, aunque se supone que no sea una actividad partidista, servirá de barómetro para las huestes populares.

Quedan muchas preguntas sin contestar, por lo cual la actividad es un buen aperitivo para los periodistas que han reseñado día a día la determinación del Tribunal Supremo de Estados Unidos en la que establece que la última fuente de soberanía en Puerto Rico la tiene el Congreso federal. Entonces, ¿qué celebrará el Gobierno el 25 de julio? ¿Qué quiere hacer Estados Unidos con Puerto Rico? ¿Quién asumirá la deuda? ¿Podría Puerto Rico subsistir sin ayudas federales?

El horno no está para galletitas, como dicen por ahí. El 25 de julio será un día de intenso calor, pero no para hornear respuestas increíbles. Me parece que los puertorriqueños están entendiendo con claridad la vorágine y la difícil situación por la que atraviesan nuestras arcas. Lamentablemente, ha sido un proceso muy duro y muchas personas han tenido que migrar por necesidad. Ahora la puerta está abierta para los miembros de la junta de supervisión y control fiscal, que seguramente dictará la pauta de a quién y a quiénes se les paga. Sus facultades, por más que quieran darle la vuelta, serán superiores a las facultades que tiene el Gobierno del Estado Libre Asociado. La junta aprobará presupuestos, leyes y contratos. Es decir, los legisladores y el gobernador intentarán confeccionar leyes, presupuestos y contratos, pero tendrán que pedirle permiso a la junta, completamente subordinados al poder estadounidense. Se anticipan altercados, protestas, resistencia y desobediencia civil. Cinco años de esa manera no serán fáciles. El 25 de julio deberá ser el momento de reflexionar sobre cuál es la ruta para redefinir la relación con Estados Unidos. Hace tiempo que el Gobierno estadounidense está empujando para que, de una vez y por todas, Puerto Rico se organice políticamente. Examinemos con especial cuidado el mensaje del 25 de julio. Todos los puertorriqueños tienen el deber de educarse sobre esta disyuntiva: Estado Libre Asociado no reconocido, estadidad obstaculizada por la deuda fiscal e independencia con poco apoyo electoral. Escuchemos a los políticos con cautela y precisemos no caer en el fanatismo político que nubla el entendimiento.