Columna de Lily García: Las culpas que pesan

No sé cuántos de ustedes conocen la página de Facebook Humans of New York. Comenzó con el deseo de un joven fotógrafo de recoger a través de su cámara la gran diversidad de personas que habita esa ciudad.  Pero, mientras tomaba sus fotos, hablaba con ellos, y esas cortas entrevistas transformaron su proyecto en un blog que hoy cuenta con casi veinte millones de seguidores en las redes sociales.  

Recientemente me topé con una de estas historias en la página de Facebook de una amiga. Un deambulante explicaba por qué hoy duerme en los bancos de un parque y depende de los comedores sociales para su alimento. Contaba cómo su esposa se suicidó dos años después de haber muerto de leucemia la hija de ambos.  Lo hizo precisamente el día que cumplirían treinta años de casados y lo único que dijo en la nota que dejó fue que no tenía coraje con él. 

Después de este segundo golpe, el hombre comenzó a anestesiar su dolor con alcohol y drogas. Un día, en medio de una presentación de trabajo, comenzó a alucinar, y tuvieron que despedirlo. Recibió un  jugoso plan de indemnización que regaló completo a sus hijos. Desde entonces vive en la calle. Él mismo admite que sus hijos han intentado ayudarlo y devolverle el dinero, pero él no lo quiere. “No fui un buen esposo.  No fui un buen padre. Y ahora estoy haciendo penitencia”, señaló.           

La historia de este hombre me conmovió profundamente.  ¿Cuántos hay allá afuera muertos en vida por el peso de sus pérdidas y sentidos de culpas? 

Puedes escoger pasar el resto de tus días pagando por los errores cometidos o puedes decidir tomar responsabilidad por tus acciones y empezar a dar lo que no diste y a descubrir lo mejor que puedes ser.  Para mí, el hecho de que una persona esté viva me dice que todavía le queda algo por lograr, por aprender y por sanar.  Ojalá que él y todos los que se sientan como él decidan un día dejar de meramente existir para comenzar a vivir de nuevo.