Columna de Julio Rivera Saniel: La notita que arrebata

Por Julio Rivera Saniel @riverasaniel

El miedo ha sido más fuerte que el interés público y la salud de cientos de potenciales pacientes. O, en su defecto, la mojigatería y el cálculo electoral. Hablo de la Cámara de Representantes, cuerpo legislativo que parece haber adoptado oficialmente la postura del “no porque no” al analizar el uso del cannabis medicinal en la isla. Ese cuerpo, en claro menosprecio de la experiencia científica sobre el tema y los potenciales beneficios para pacientes de múltiples condiciones médicas, ha decidido sentarse encima del proyecto radicado en 2013 por el representante José Báez, que permitiría el establecimiento controlado de una industria de cannabis para uso estrictamente medicinal. Una industria que fuera de nuestras fronteras —incluso en los Estados Unidos— ha demostrado ser ampliamente beneficiosa y que permite la mejoría en la calidad de vida de miles de personas. Ello, sin embargo, ha sido puesto en duda por la delegación del PNP en su totalidad y por los populares Nardén Jaime, Luis Raúl Torres, Brenda López de Arrarás, César Hernández y Armando Franco, quienes, según fuentes legislativas, se han negado a respaldar con su voto el proyecto y, lo que es peor, han rehusado defender su oposición sin miedo, con argumentos y de cara al sol.

Pero la postura de la Cámara no ha sido suficiente para detener la puesta en marcha del plan para el cannabis medicinal. Una orden ejecutiva firmada por Alejandro García Padilla ha permitido que desde el  pasado 28 de enero entre en vigor el reglamento 155 para el uso, posesión, cultivo, manufactura, producción, fabricación, dispensación e investigación de la marihuana medicinal. El estatuto permite a los interesados que cumplan con las regulaciones del cultivo de marihuana para fines medicinales y a los medicos interesados licenciarse para poder certificar para tratamiento con cannabis a los pacientes que cumplan con los requisitos. Según supe, el desconocimiento sobre el reglamento ha provocado que pocos médicos y muchos menos pacientes se hayan interesado en orientarse, certificarse y cumplir con los requisitos. Y que esto suceda es fundamental para que el programa despegue y no dependa de los vaivenes de la política electorera o la voluntad de quien quiera que sea el futuro gobernador o gobernadora del país. Si usted es médico, certifíquese. Para ello debe comunicarse con el Departamento de Salud y registrarse en el Departamento de Estado, entre otros pasos que le permitirán certificar a pacienetes para tratamiento. Si usted es paciente de condiciones como cáncer, VIH en estado positivo, esclerosis múltiple/lateral, enfermedad de Crohn’s, fibromialgia, epilepsia, caquexia, alzhéimer, artritis, desórdenes de ansiedad, anorexia, migraña, hepatitis C, lesiones en el cordón espinal, párkinson u otras condiciones que “causen caquexia, dolor crónico, espasmos musculares persistentes o náuseas severas” podría ser certificado para tratamiento con cannabis medicinal. Y, lo que es mejor, podría estarlo en su propia tierra, sin tener que dejarlo todo atrás para acceder a un tratamiento digno. Sin tener que acudir al punto a obtener una sustancia no regulada para atacar su padecimeinto, como muchos han tenido que hacer anónimamente exponiéndose a un arresto por el pecado único de querer aliviar sus dolencias. Sin tener que dejarlo todo como la familia de la pequeña Sarah, una niña que fue desahuciada en la isla y cuyos familiares tuvieron que emigrar a Colorado para conseguir allí el tratamiento que en su isla no estaba disponible y que le permitió despertar del coma. Con protocolos claros y ampliamente estudiados, sin el freno del discurso demagogo que asegura que quien favorece su uso medicinal es un “drogo”, narcotraficante o se quiere fumar un “moto”, la orden ejecutiva, con sus defectos y virtudes, lo permite. Es una movida arriesgada pero, sin duda, a la altura de los tiempos. La Cámara aún está a tiempo de anotarse una y permitir que lo que encamina la orden ejecutiva tenga peso de ley. Si tan solo dieran paso a la honestidad intelectual y el interés público, y frenaran ese cálculo electoral que hace muy poco para resolver los problemas de todos, aunque tal vez mucho para acercar la victoria electoral y el uso del poder por el poder mismo. Esa sí es la notita que envicia y arrebata.

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