Columna de Hiram Guadalupe: Compromiso de futuro

Por Hiram Guadalupe @hiramgp

Si algo han confirmado las autoridades políticas y judiciales de Estados Unidos en los últimos meses es que las y los puertorriqueños estamos subordinados a la presencia imponente de la dominación imperial.

Así las cosas, nadie puede pasar por alto las restricciones e impedimentos de la relación colonial que ha definido el curso de nuestra historia por más de un siglo y que se torna, cada vez más, en una dificultad para lograr la transformación socioeconómica que necesitamos.

No hay más que hablar. Está claro que hemos vivido bajo el engaño de un estatus que no ha sido ni estado, ni libre, ni asociado, y que hoy, 64 años después, nuestro país carece de soberanía, y, a pesar de los alaridos de las voces más incrédulas, somos un territorio sujeto a la plena autoridad del Congreso bajo la cláusula territorial.

Nada más contundente que las expresiones del procurador general de Estados Unidos, Donald Verrilli, al manifestar la opinión política de la Casa Blanca en torno a Puerto Rico: “Los funcionarios federales y de Puerto Rico entendieron (en 1952) que la adopción de la Constitución por parte de Puerto Rico no alteraba su estatus constitucional. La última fuente de poder soberano en Puerto Rico sigue siendo Estados Unidos”.

Más claro, imposible. Esa es la posición del Gobierno del presidente Barack Obama, reafirmando la condición colonial de nuestro pueblo y, a su vez, develando la pantomima que por décadas ha vivido un sector del país al insistir en los supuestos márgenes autonómicos que tenía el ELA y en su capacidad de mejorarse dentro del marco constitucional estadounidense.

Las expresiones de Verrilli son también una reafirmación del poder que tienen los congresistas estadounidenses para modificar unilateralmente la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos porque, ante todo, el Congreso nunca cedió su autoridad plenaria sobre la isla.

Ahí está anclada, además, la razón principal por la que los congresistas federales, al abordar el tema de la crisis de la isla y su deuda pública, resuelven con la creación de una junta de control fiscal que, en unas semanas, se espera asuma poder total sobre nuestro futuro económico y social.

La pregunta es cómo enfrentamos el nuevo escenario que se avecina, con una junta federal que, desentendida de los intereses de nuestra ciudadanía, tomará decisiones económicas que pudieran representar la imposición de políticas de austeridad que acrecentarían los niveles de desigualdad del país.

No podemos eludir que nuestra crisis económica resulta de nuestra crisis política. Esto, por supuesto, sin restarle importancia a los desórdenes provocados por quienes han regentado el poder gubernamental.

Cierto es que las administraciones que han dirigido el país por las pasadas décadas han exprimido nuestras finanzas y han saqueado nuestros recursos; han sido irresponsables en el manejo de los asuntos públicos, y han sido muy complacientes con el capital.

Mas, en este momento, cuando hay que ser firme en la defensa de nuestra isla y de nuestros derechos ciudadanos, debemos comprometernos en actuar colectivamente para elaborar propuestas concretas que ayuden a sanar las finanzas públicas y, lo más importante, desarrollar decisiones sobre políticas económicas que nos permitan encaminar nuestro futuro.

Desde esa perspectiva, la firme oposición a la junta de control fiscal debe estar acompañada de un plan de ideas que nos encaminen a resolver nuestros problemas sociales y económicos. Y, lo más importante, hay que denunciar con fuerza el coloniaje.

La semana pasada, la candidata a la gobernación por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), María de Lourdes Santiago, urgió al presidente del Comité de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas a explorar alternativas de diálogo encaminadas a promover la descolonización de Puerto Rico mediante un proceso de negociación con Estados Unidos.

Ese es un esfuerzo que debe tener el endoso y apoyo de todos los sectores del país que están comprometidos con solucionar nuestras crisis económicas, financieras y políticas y labrar un mejor futuro. La ruta está trazada y en la unión está la fuerza.
 

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