Columna de Yolanda Rosaly: De Elín, Moczó y a bordo de Jet Blue

Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly

Esta semana han ocurrido diversos eventos que me han llevado de la nostalgia, al orgullo patrio y hasta el agradecimiento. Irónicamente se trata de eventos trágicos de los que, como suele suceder, siempre nos llevan a la reflexión, a recordar buenos momentos y a contar bendiciones.

Comienzo por el lamentable fallecimiento del productor, actor, escritor y director Elín Ortiz. Aunque a nadie le tomó por sorpresa, pues se conocía de su estado avanzado de Alzheimer, entristece saber que perdimos al último de los pioneros de la televisión en Puerto Rico y quien se destacó por descubrir y darle oportunidad a muchos artistas que aún hoy siguen frente a nuestras pantallas. Fue visionario, arriesgado y noble; siempre estaba un paso adelante, rompió esquemas y, sobre todo, ayudó a mucha gente.

Elín, junto a los fenecidos Tommy Muñiz y Paquito Cordero, comenzaron la aventura de la pantalla chica en la Isla y hay quiénes aseguran que nadie ha podido igualar, ni mucho menos superar, su creatividad e ingenio. Puedo dar fe de todo el extraordinario trabajo realizado por los tres. Tuve el privilegio de conocerlos y entrevistarlos muchas veces. Sin dudas, fueron seres especiales e irrepetibles.

Mis condolencias a Charytín, a Shalim y a los gemelos, Shaliana y Alexander, a quien cargué de recién nacidos pues, para sus amistades y para la prensa, la casa de los Ortiz-Goyco siempre tuvo las puertas abiertas. Era la época ‘libre de relacionistas públicos’ que impidieran el libre acceso a la vida de los artistas, que siempre entendieron que se debían a su público. No había que anunciarse con días de anticipación; sólo se llamaba a la casa donde la propia Charytín o Elín respondían y con un “sí, pasa por acá cuando quieras”, llegábamos a su hogar.

Debo comentar que, honestamente, no se cómo será la vida de Charytín de ahora en adelante. De hecho, siempre me preguntaba cómo sería capaz de seguir adelante si algún día Elín le faltaba pues jamás he visto manifestación de amor tan profundo e incondicional. Como ella misma ha dicho, era y será por toda la eternidad. Mis condolencias, mi querida Chary; agradecida siempre por el respeto y cariño de ambos. Que descanse en paz, DON ELIN ORTIZ, así con letas mayúsculas.

Otro evento que me llamó la atención fue el mensaje que le envió el pueblo —sin pronunciar palabra alguna— al licenciado Mario Moczó el pasado martes durante su participación en el programa ‘Raymond y sus amigos’. Como era de esperarse, este abogado ha sido invitado a diversos programas de televisión, tras su excelente desempeño durante las vistas preliminares para intentar encontrar causa para juicio contra Luis Rivera Seijo por el asesinato del niño Lorenzo González Cacho.

Aunque muchos ignorantes han comentado que “ese abogado se cree un artista”, me parece extraordinario que Moczó haya aceptado las invitaciones y dado a conocer aspectos de su vida que nos hacen sentirnos sumamente orgullosos de nuestra raza. Inclusive, aparte de su accesibilidad, demostró un gran sentido del humor durante su participación en el segmento ‘Men in the City’. ¡Excelente!

Así las cosas, aunque lamentable, la tragedia del niño Lorenzo nos brinda la oportunidad de conocer el rostro de la superación, la humildad, el éxito y, por ende, refrescarnos el espíritu en medio de tantas crisis y malas noticias. ¡Bravo licenciado Moczó!

Y, no puedo terminar esta columna sin felicitar a la compañía Jet Blue por haber dado un paso adelante y, con ello, ganar lo que jamás el dinero será capaz de comprar: el agradecimiento y una imagen de empresa y gente con gran sensibilidad y corazón.

Su anuncio y gesto de ofrecer pasajes gratis a familiares de las víctimas boricuas en la masacre de Orlando, así como de hacer lo propio en el traslado de los fenecidos a la Isla y hasta portar las banderas que cubrirían sus ataúdes, no tiene precio. Pero, más aún, me impactó el acto de respeto y solidaridad de una decena de empleados de pista en el aeropuerto Luis Muñoz Marín portando una inmensa bandera monoestrellada, alzando sus manos y despidiendo a los familiares que iban rumbo a identificar y trasladar a sus seres amados abatidos en la masacre. ¡Gracias! Así se hace Patria.
 

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