Columna de Lily García: Todos somos Silvia

Estoy tomando un curso en la Universidad del Sagrado Corazón sobre la comunicación en el mundo empresarial.  El profesor Arturo Gómez Quijano, quien nos visita desde España, enriquece muchísimo la clase compartiendo anécdotas de su vasta experiencia profesional.

Una de sus historias me tocó profundamente por ser ejemplo de algo que repito constantemente en mis charlas motivacionales,  mi creencia en que nada ocurre por casualidad, y que toda persona que llega a nuestra vida puede convertirse en una relación significativa si nosotros lo permitimos.  El profe nos contó como en una empresa para la cual trabajó durante algunos años había una recepcionista no vidente. Explicó que en España adiestran a las personas no videntes para trabajar en esa área ya que lo que carecen en el área visual lo compensan en el área auditiva.

El profesor recordó que cuando Silvia llegaba con su bastoncito a la cafetería, muchas personas se alejaban, tal vez incómodas ante la presencia de alguien “diferente.”  Él, por el contrario, procuraba quedarse a conversar con ella un rato.  Para la gran mayoría de los empleados de esa empresa Silvia era prácticamente invisible. 

El señor Gómez se fue de aquella empresa en busca de nuevos rumbos profesionales y al tiempo, perdió el trabajo que tenía. Para esa misma época, un exprofesor suyo estaba intentando conseguirlo para ofrecerle un trabajo como maestro. La última referencia que tenía de él era aquella empresa donde había trabajado.  Llamó, y contestó Silvia. Le informó que ya esa persona no trabajaba para ellos, pero que ella se encargaría de conseguir sus datos y de hacérselos llegar. Y así lo hizo. De esa forma, una recepcionista ciega e invisible para tantos, logró que al hoy doctor en comunicaciones se le abriese una puerta profesional que jamás sospechó podría existir para él.

La mayoría de nosotros, en algún momento o situación hemos sido Silvia: invisibles e ignorados.  ¿Recuerdas cómo se sentía?  Reconoce la presencia de cada ser que se cruce en tu camino. Sonríele, agradécele, y busca la forma de conectarte a través de la palabra generosa.  Uno nunca sabe…
 

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