Columna de Yolanda Rosaly: ¿Televisión que hace historia o el ridículo?

Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly

Al mismo tiempo que los tres hombres que llevan reclamando su inocencia desde hace más de 20 años están celebrando los resultados de las pruebas de ADN relacionadas con el caso, públicamente también se discuten otros dos hechos relacionados con este asunto: uno muy delicado y otro muy ridículo.

Me explico. Tanto los confinados Nelson Ortiz, Nelson Ruiz y José Caro como los familiares de estos andan dando saltos de alegría luego que la nueva ley de ADN postsentencia les brindara la oportunidad de confirmar que las piezas de evidencia recolectadas en el caso de la violación y asesinato de Glorimar Pérez Santiago (en 1988) no contenían información genética de ninguno de los sentenciados.

Imagino que, como les pasará a muchos, la insistencia de estos hombres sobre su no-culpabilidad nos ha llevado, una vez más, a dudar seriamente del sistema judicial del país. No sería la primera vez ni será la última —lamentablemente— que un inocente sea condenado y pase años encarcelado. Y sabrá Dios cuántos habrán pasado gran parte de sus vidas y hayan muerto dentro de una cárcel sin haber tenido culpa de lo que se les acusó.

Una vez se supo que los ADN de Ortiz, Ruiz y Caro no estaban presentes en las piezas de evidencias, todos pensamos que serían excarcelados de inmediato o, por lo menos, muy pronto. Pero todo parece indicar que no será así, según las expresiones del secretario de Justicia, César Miranda.

Sin dudas, sus argumentos tienen sentido: el no encontrarse ADN de una persona en una escena de un crimen no significa que no estuvo allí. De hecho, y probablemente sea la misma lógica que utilizó en el caso de Lorenzo González Cacho, en el que el Ministerio público acusó a Luis Gustavo Seijo sin que existiera evidencia de ADN del llamado Manco en ningún lugar de la casa donde fue asesinado el niño. Pero precisamente lo anterior es lo que ha hecho que muchos, incluyendo reconocidos abogados, pongan en duda que el asesino de Lorenzo haya sido Seijo. Pues, por lo mismo, existe la misma incertidumbre sobre los sentenciados en el caso de Glorimar.

Por otro lado, otro asunto que escuché comentar, y me parece tan intrascendente como la relevancia que se la ha dado a la cerveza Medalla que se bebió Bill Clinton en Guavate, es quién fue el primer medio televisivo (entre otros) que sacó a la luz pública este caso y “logró” que llegara al punto donde se encuentra. En realidad, no tengo idea de quién lo dijo primero. ¿Pero a quién le importa? El verdadero orgullo periodístico debe estribar en, de la manera que sea, haber aportado e informado sobre un tema que formará parte de la historia legal de Puerto Rico.

Lo demás es un tema de competencia que, sin dudas, puede ser importante para ser tratado por los que bregan con publicidad y promociones en los respectivos medios donde, equivocadamente, son los reporteros(as) los que andan reclamando la primicia.

Y, dicho sea de paso, una vez más les comento algo que no me cansaré de repetir: por favor, no anden por ahí ofreciendo noticias como propias, originales o exclusivas cuando son producto del trabajo de otros. Si se las va a copiar, lo menos que puede hacer es dar crédito o, por lo menos, no tener el descaro de apropiárselas. La gente no es boba y, al final, lo que hacen es el ridículo. He dicho.
 

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