Columna de Rafael Lenín López: Primarias: Mi análisis a dos semanas del evento

Faltan poco más de dos semanas para las primarias del PNP y el PPD. El domingo 5 de junio, los electores de ambos partidos pueden acudir a las urnas para confeccionar sus papeletas de cara a la elección general del 8 de noviembre.

Las primarias son la última oportunidad que tienen los afiliados de los partidos para asegurarse de tener una oferta fuerte, buena y viable para el electorado general.  Lamentablemente, solo ha ocurrido en Puerto Rico para los dos partidos que han gobernado. El PIP le ha huido como el diablo a la cruz a ese tipo de proceso, optando por otros internos. Los otros, de reciente creación o fugaz existencia, como el PPT y el PPR, no han madurado lo suficiente como para exponerse a ese tipo de elección interna.

La primaria es el penúltimo filtro en los partidos mayoritarios antes de que uno de los dos asuma el poder, presumiblemente, a partir del 2 de enero de 2017.  Así que, más allá de verlo como un concurso de los más fanáticos y del hard core, resulta imperativo estar pendientes de lo que ocurra allí, para luego no quejarnos de los personajes que nos gobiernen, ya sea desde La Fortaleza, las alcaldías o en los escaños legislativos.

La primaria más taquillera es por la candidatura a la gobernación entre Pedro Pierluisi y Ricardo Rosselló. Contrario a las expectativas, a esta fecha la competencia resulta impredecible.

Creo que Pierluisi no ha maximizado su discurso y su campaña proyectándose como el “jefe de Estado” que tiene más posibilidades de ganar en unos comicios en los que los electores de otros partidos están más vulnerables a prestar sus votos ante las decepciones con sus líderes.  Me parece que su publicidad no ha evolucionado como debería y su mensaje en los medios ha permanecido estático sin añadirle ingredientes atractivos y nuevos al país que vive una gran desesperanza.

En cambio, Ricardo Rosselló, visto en un principio desde el vacilón, hoy se presenta como un aspirante con posibilidades reales.  Y esto se debe a que, en esta etapa del juego, Rosselló ha tenido un gran logro: no ha cometido un gran traspié que haya hecho tambalear su campaña. Rosselló ha sabido balancearse en una cuerda floja, sin caerse, a pesar de los potentes vientos cruzados a su alrededor.

Es obvio que ha hecho su asignación y tiene hoy día —algo inimaginable para algunos— comparecencias públicas coherentes.  En fin, Rosselló logró sobrevivir hasta este punto tras haberse corrido el riesgo de empezar demasiado temprano su campaña, no se desgastó lo suficiente, y eso lo coloca a un paso de la nominación y, por ende, a otro de La Fortaleza.

El día de la primaria ganará quien mejor active el “get out the vote”. En eso los alcaldes o presidentes municipales serán cruciales. A Pierluisi se le adjudican 16 de los 31 alcaldes novoprogresistas. Hay una percepción entre los periodistas y observadores de que Rosselló tiene detrás un ejército de simpatizantes más agresivo que el de Pierluisi, al que se describe como uno menos militante y vulnerable a no salir a votar ante cualquier circunstancia imprevista ajena al proceso.

En el Partido Popular, tienen velas prendidas esperando el triunfo de Rosselló, bajo la teoría de que es un candidato con el que Bernier tiene más posibilidades de triunfo. Sin embargo, no cuentan o no están combatiendo —al menos públicamente— el que se repita el escenario del 2008, cuando miles de populares votaron en la primaria novoprogresista para derrotar a Pedro Rosselló.  Ese odio político traducido en votos supuso la elección de Luis Fortuño y ahora podrían dispararse en el pie nuevamente si eligen al comisionado residente por sacar al hijo del exgobernador. 

Mientras tanto, la carrera popular entre Ángel Rosa y Héctor Ferrer por la candidatura para Washington parece igual de impredecible. Aunque poco se ha analizado esa contienda, la frágil carrera política de Bernier en esta coyuntura podría ganar o sufrir tras el resultado de esa primaria.  Sin embargo, Bernier, contrario a experiencias de otros líderes en su cargo, como Sila Calderón, ha decidido permanecer “neutral”.

En el caso de los aspirantes a la Legislatura, no se observan a simple vista grandes revelaciones en los dos partidos. Vemos más de lo mismo, por lo que en esa rama de Gobierno no debemos esperar un cuatrienio distinto.

Ya lo he dicho antes: estas elecciones son importantes y la coyuntura que vivimos es crucial. Todos los aspirantes hablan de incentivar nuestra economía, pero pocos, casi ninguno, dicen cómo. Las primarias son, después de un filtro poco objetivo controlado por los partidos, el primer turno al bate de los electores de los partidos mayoritarios por tomar las decisiones más acertadas. A ver si ahora ocurren.

Sobre la primaria demócrata, Hillary Clinton debe ganar como ocurrió hace ocho años, con la suerte de que esta vez Puerto Rico escogerá a alguien con posibilidades reales de llegar a la Casa Blanca. Un análisis matemático simple nos lleva a esa proyección, pues serán los estadistas los que —por la naturaleza de su contienda interna— irán en mayor cantidad a las urnas y no votarán por un liberal como Bernie Sanders.  Luce cuesta arriba que la izquierda se movilice masivamente a votar el 5 de junio.

Precisamente, finalizo comentando la participación de un sector del independentismo y autonomismo boricua en la campaña de Sanders. Esa exagerada emoción vista en estos días en el proceso electoral estadounidense —por más simpático que resulta el aspirante— resulta, a mi juicio, tan contradictorio como las intervenciones históricas de la derecha, en el PNP y el PPD, en la política del norte.  Si hemos concluido antes que lo del pasado ha sido una muestra irrisoria de asimilación, ¿por qué no concluirlo ahora?

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