Columna de Lily García: El segundo freno

Hace unos años, una de mis sobrinas, pasando por una etapa de rebeldía, despotricó en Facebook contra la familia.  En ese ataque de coraje publicó cómo le molestaba que la gente se metiera en su vida y la criticara. Recuerdo que en aquel momento le contesté el comentario admitiéndole que tener una familia grande sí puede ser un problema a veces porque es inevitable que haya choques de opiniones acerca de esto o de aquello.  Es algo que viene con el paquete.

Pero también le recordé que, cuando uno está pasando por un mal momento, cuando uno se cae teniendo una familia así, a la cual le importas, de repente vas a ver todo un batallón tejiendo esa red que te va a sostener y a amortiguar el golpe. Son ellos los que nos protegen en nuestros momentos más vulnerables. Claro, eso me costó que me sacara de Facebook por un par de meses, pero sobreviví.
  
Este pasado domingo, reunidos en casa por el Día de las Madres, tuve la oportunidad de reconfirmar aquello que escribí.  Y, de repente, recordé una línea de la película Learning to Drive, que había visto recientemente.  Trata acerca de una cincuentona norteamericana de clase media alta cuyo matrimonio se está derrumbando.  En medio de su crisis, la mujer decide aprender a guiar, algo que nunca había hecho en su vida porque viviendo en la ciudad de Nueva York nunca le había hecho falta.  Y así, el encuentro con el hombre hindú que le toca como maestro da pie a una transformación en las vidas de ambos.

En una escena de la película los nervios la paralizan y la llevan a querer dejar las clases.  Él, con toda su paciencia, la mira y le dice: “No te preocupes, que yo siempre voy a estar aquí al lado con el otro freno”.  Así me siento yo con mi familia, a pesar de todas sus disfunciones.  Sé que no importa lo que me ocurra, ellos van a estar ahí con ese segundo freno cuando necesite protección.   Porque eso también viene con el paquete.        
 

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