Columna de Julio Rivera Saniel: El Manco: la saga continúa

Por Julio Rivera Saniel @riverasaniel

El juez Carlos Salgado Schwarz fue contundente en sus declaraciones antes de determinar “no causa” para juicio contra Luis Gustavo Rivera Seijo. Y lo dicho es, aún hoy, en la antesala del recurso en “alzada” del ministerio público, lo único claro sobre este caso que ha involucrado al menos tres secretarios de Justicia, múltiples especulaciones y seis años de rabia e impaciencia ciudadana acumulada. Según el togado que atendió el pleito legal, “el caso está plagado de errores investigativos y de ausencia total de prueba que coloque al señor imputado en la escena donde ocurrió el hecho por el cual se pretende acusar”. O al menos así lo ha entendido el juez y, sin lugar a dudas, también la opinión pública.

Esa verdad —la de la torpeza en el manejo de la escena— parece haber cavado la tumba del caso sobre la muerte del niño Lorenzo González Cacho a menos que, en su segundo turno al bate, el ministerio público tenga evidencia contundente que vincule a su imputado con los hechos. Aunque el secretario de Justicia, César Miranda, calificó la determinación del juez Salgado de “horriblemente mal resuelta”, lo cierto es que, para quien observaba el caso desde las gradas, la alegada evidencia contundente que despejaría dudas sobre la culpabilidad del Manco nunca fue evidente en sala. Al contrario, lo presentado en corte por los representantes del ministerio público nunca consiguió probar la presencia del Manco en la casa de los hechos, a no ser que se prestara total credibilidad a la confesión del imputado a los federales. Una confesión cuyos métodos fueron nueva e igualmente cuestionados.

Lo anterior ha puesto sobre la mesa y a plena luz del día un problema sospechado por muchos, denunciado por otros, pero nunca más evidente que en el caso de la muerte de este niño: la ineficiencia en el manejo de la evidencia de escenas criminales. Ese mal manejo que, a fin de cuentas, se lleva como víctima a la justicia misma. Si lo presentado en corte es la única o principal prueba del delito al que se acusa a Rivera Seijo y el ministerio público no tiene teorías alternas de la muerte del menor, tal y como ha admitido, entonces la justicia habrá sido nuevamente víctima. Si el Manco es inocente o culpable de lo que se imputa, seguirá siendo un misterio y objeto de la especulación que ha rondado al caso desde el comienzo. Y lo será irremediablemente gracias al mal manejo de la escena. Ya lo decía el juez en sala. Se trató de un caso de crimen que, a pesar de tener los elementos necesarios para así definirlo, fue tratado por demasiado tiempo como el de un “accidente”. Al menos el tiempo suficiente como para mal manejar la prueba, obviar detalles, dejar a un lado elementos determinantes para la eficaz identificación del responsable y, en el camino, condenar el caso a una amarga dosis de especulación.  Ya lo sentenciaba el juez el día en que determinó ponerles un alto a las intenciones de la fiscalía. “La doctora Boschetti (que recibió y atendió al niño en el hospital) declaró aquí que había llamado a la Policía. Sin embargo, tres horas después, todavía se estaba investigando la escena como un accidente”. César Miranda, el actual secretario de Justicia, no es responsable por ese mal manejo del que habló el juez. Por ello deberán responder figuras como el entonces secretario de Justicia, Guillermo Somoza, Wanda Casiano, la fiscal a cargo de la investigación, o Mariela Santini, la fiscal que manejó la escena el día del asesinato. Y todos hasta ahora han optado por el silencio. Pero, si en su segundo turno la fiscalía no prueba que efectivamente tiene evidencia para acusar a su imputado, el actual Departamento de Justicia habrá de cargar con la culpa de haber querido arreglar un caso herido de muerte desde el comienzo. La bola está ahora en la cancha, una vez más.

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