Columna de Danixa Lopez: Buscando trabajo ando yo…

Esta columna salió publicada originalmente el 14 de noviembre del 2014. Sin embargo, me parece que por estos días sigue teniendo la misma vigencia, por lo que la comparto con ustedes nuevamente.

Cuando me mudé a Miami, sólo conocía a una persona, no tenía trabajo, ni una idea de por donde empezar para cumplir mi sueño.  No estaba segura de qué iba a suceder con esa aventura que recién comenzaba.  Lo que sí era seguro, era que había que comenzar la  búsqueda de trabajo.  Ya era momento de “ponerme pa’ mi número” como se dice en buen cubano.  Pero, ¿cómo empezar, a dónde ir, qué hacer? Me concentré en buscar trabajo dentro de mi especialidad. También me inscribí en un curso de inglés.

Como no aparecía nada y había que pagar la renta y comer, pues me fui a las tiendas, pero no de compras, sino a buscar trabajo.  Para ese primer trabajo que conseguí, mi lindo resumé y carta de presentación en inglés y en papel de hilo bone white no me sirvió de nada.  Era en una tienda de ropa cuyos dueños eran coreanos y la encargada no hablaba inglés.   Con ella no aprendí nada, pero sí disfrutaba de sus dotes culinarios de vez en cuando, aunque la mayoría de las veces no sabía que estaba comiendo. 

Mientras trabajaba en la tienda, seguía buscando trabajo y estudiando inglés. Luego de par de meses, el dueño me ofreció el trabajo de gerente, pero no acepté.  Necesitaba tiempo para continuar mi búsqueda y para ir a entrevistas.  Luego trabajé con unos brasileños, que eran compañeros de mi curso de inglés y hablaban muy poco español.  Con ellos aprendí portuñol y a disfrutar de la comida brasileña y su cultura alegre y un tanto parecida a la nuestra.

El tiempo pasaba y ese trabajo anhelado no llegaba.  Seguía haciendo todo al pie de la letra y aprendiendo mucho… entre las cosas que aprendí fue la frase good evening y que good night no se usa como saludo, como me habían enseñado en la escuela.  Me pasó algo así como a las Misses que saludan con un good night, aunque en mi caso fue solo frente a un pequeño grupo de estudiantes que sabían tanto o menos inglés que yo.

Si bien es cierto que decir good night en el momento incorrecto no me iba cerrar una puerta de trabajo, una mala presentación no me la iba a abrir.  Tenía muy claro que la entrevista comenzaba en el momento que escribía la primera palabra en mi carta de presentación. Me arreglaba y me vestía de manera profesional y ponía mi mejor sonrisa.  Luego enviaba un email o tarjeta de agradecimiento.  Además, abrí una cuenta de email que se viera profesional con mi nombre completo (nada de gatitaboricua, labeba, sexygirl o esos seudónimos espanta-trabajos). 

No me dejé llevar por el “ay bendito” y seguí buscando y trabajando como hormiguita.  Después de todo, en los EEUU hay que trabajar para conseguir el sueño americano, ¿o no?  Pues había que seguir metiendo mano y no perder las esperanzas.  Ya llegaría en el momento oportuno.  Un año y medio después ese momento llegó y conseguí el trabajo que me abrió las puertas a mi campo de especialidad.  Sería coordinadora de prensa para una empresa multinacional.  Estaba “culeca” con mi nuevo trabajo, y como en aquella época no existía Facebook, pues tocó agarrar el teléfono y llamar a todos para darle la buena noticia. ¡Ahora sí no había duda de que me quedaba! 

Curiosamente, no fue el inglés lo que me ayudó a conseguirlo, sino mi buen español, pues estaban necesitando a alguien que escribiera un español perfecto, y ¡voilà!, aparecí yo.   

Soy suertuda, pues he podido desarrollar una carrera en mi campo de especialidad y en lo que me gusta.  Y cuando no hay “padrinos” eso se logra con esfuerzo, tenacidad y astucia, mirando a tu alrededor y aprendiendo de todo y de todos.  Como dice el dicho “a donde fueres, haz lo que vieres” o como decía mi maestro de Historia de décimo grado: lo importante es llegar y entrar.  Yo llegué, entré, me gustó y me quedé.