Columna de Mariliana Torres: Lin-Manuel y su isla

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

Hablemos de una noticia positiva y dejemos al lado, pero no en el olvido, a la junta de control fiscal que agobia al país. Por favor, aunque sea por unos minutos. Disfrutemos con orgullo lo que representa que otro puertorriqueño se convierta en el embajador de las mejores letras en drama. Ya saben a quien me estoy refiriendo: Lin-Manuel Miranda. Sí, el actor de Broadway, dramaturgo, músico, poeta, escritor y, más que todo, el gran ser humano que no se avergüenza de sus raíces puertorriqueñas y grita en todos lados que es de Vega Alta, aunque haya nacido en Manhattan. Sus padres y abuelos se encargaron de cimentar sus orígenes, que aprendiera el idioma español tan bien como el inglés, que conociera y respetara la cultura y la tradición, que se sintiera orgulloso del Caribe y que respetara y se educara sobre la migración. Como él mismo ha indicado en varias entrevistas, su base para escribir como los dioses es el respeto y las vivencias de la comunidad latina a la cual pertenece.  Hay quienes llegan a la fama y no se atreven a decir que son puertorriqueños; qué pena por ellos. Nunca he entendido cómo niegan las raíces y la patria que los han formado. Bueno, pero ese es otro tema. Vamos a lo sustantivo: Lin-Manuel Miranda y el Pulitzer.

Los Premios Pulitzer reconocen la excelencia en los escritos de periodismo y las artes. Su prestigio va más allá de lo que muchos entienden es el mayor galardón en las artes:  los Premios Óscar. A mi entender, su gloria emerge porque la comisión de respetados literatos evalúa con cautela, rigurosidad, seriedad y prudencia los escritos que conforman las bellas artes. Aquí no vale la promoción o cabildeo de compañía alguna para que su película o musical gane. El que gana el Pulitzer tiene la distinción de ser reconocido por escribir una obra de arte. En el caso de Lin-Manuel y su obra Hamilton, es el galardón a un libreto con una profunda visión humanística. El drama de la puesta en escena de Hamilton, que hace que uno se rinda a sus pies, reside en las letras escritas de una manera distinta combinadas con una partitura musical desbordante de energía. Lin-Manuel ha sabido contar cantando y bailando la vida y obra de Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores de la democracia americana. Utilizando las variedades que le otorga la mente privilegiada de Lin-Manuel, el libreto logra captar toda la atención en clave de hip-hop, blues y pop de una parte de la historia de la revolución americana. Reconocido su magnífico libreto, Lin-Manuel constituye lo que se conoce como un ser “superdotado” de las bellas artes.

Quedarse durante sus vacaciones escolares en la plaza de Vega Alta en lugar del desbordante Manhattan contribuyó a que Lin-Manuel entendiera mejor al puertorriqueño. Formó esa visión etnográfica que más tarde utiliza y es la base de sus letras. La identidad latina unida al talento innato reafirma a Lin-Manuel su capacidad para colarse entre los mejores literatos en drama de la historia. Lo mejor es que queda mucho por verse de él. Pero, mientras tanto, aprovecha el momento para unirse y demostrar que está enamorado de Puerto Rico y de la capacidad de su gente. Que vive orgulloso de sus raíces y que el sufrimiento de los puertorriqueños en esta coyuntura histórica, que presagia crisis humanitaria, es también su sufrimiento. Así se lo dejó saber, cara a cara, a los congresistas que se burlan de las minorías. Como puertorriqueño sabe que, si el Congreso no actúa, la querida patria de sus abuelos y de sus padres caerá en una de las peores crisis humanitarias. Abogó por la reestructuración de la deuda y le recordó a cada una de las personas que vio en el Congreso que los puertorriqueños tienen derechos que no se les pueden violar, que pagan contribuciones como ellos, que tienen ciudadanía americana, que hay disposiciones constitucionales que le están violando y que también decenas de puertorriqueños han entregado la vida en las guerras libradas por los ejércitos norteamericanos. Lin-Manuel dijo: “Estoy feliz de hablar a favor de mi isla”. Pues, Lin-Manuel, yo estoy feliz de hablar de ti y darte las gracias por tomar la voz en lugar de quedarte callado y
avergonzado.
 

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo