Columna de Rafael Lenín López: La prensa y El Manco

He observado con preocupación el tratamiento que le hemos dado desde la prensa al proceso de vista preliminar que se desarrolla en el Tribunal de Bayamón en contra del acusado por el asesinato del niño
Lorenzo González Cacho.

Si bien es cierto que hay una gran suspicacia en la calle sobre el desenlace de la investigación policiaca y de los fiscales tras este crimen, es importante que, desde los medios, aquellos llamados a informar y, por ende, educar no caigamos en los prejuicios infundados y machistas al momento de cubrir el desarrollo de este caso.

Durante varios días he visto, leído y escuchado la cobertura mediática sobre el caso. Digo mediática para incluir a periodistas y a los que no lo son, aunque los ciudadanos confundan los conceptos. Me llama la atención que la inclinación es mantener como sospechosa a Ana Cacho. Se destaca cada contradicción testimonial que impugne lo dicho por Cacho en el banquillo y se resalta poco la fortaleza o debilidad de la prueba del Estado en contra del único acusado. 

¿Cuál es la pertinencia de destacar las relaciones amorosas de Ana Cacho, sus encuentros sexuales o la cantidad de parejas que ha tenido?  ¿Cuál es la pertinencia de destacar el uso de marihuana por parte de Ana Cacho o de sus parejas?  Ninguno de esos elementos aporta un ápice a la discusión, tanto en la corte como en el debate público, sobre la culpabilidad o no culpabilidad del Manco.

Obviamente, la defensa tiene su estrategia y es sembrar la duda sobre la teoría de los fiscales, en este caso, montándose en la ola de la opinión pública que desde hace seis años juzgó los hechos.  Y eso es pefectamente legítimo en nuestro sistema. Aquí el que más o el que menos tiene una teoría de lo que pasó aquella noche. Eso se lo debemos principalmente, para bien o para mal, a la desaparecida Comay y sus colegas que siguen en el aire.

Pero los periodistas —aquellos regidos por unos cánones de ética-— no podemos, aunque seamos parte de la sociedad, sentimos y padecemos, guiarnos por prejuicios discriminatorios y sin base.

No estoy invitando a evadir o menospreciar la estrategia de la defensa. Invito a cubrir el proceso, reseñarlo y fiscalizarlo. Deseo que se evite el que le atribuya más importancia al frosting que distrae versus la sustancia que se discute en el caso criminal que se ventila. Más aún, se debe evitar caer en el morbo innecesario que nada aporta a que la gente comprenda lo que ocurre en la sala judicial con respecto al acusado y los testigos.

Yo quiero saber si el Manco es responsable del asesinato. Quiero saber si el Estado tiene pruebas o no. Quiero saber si la prueba del Estado es fuerte o débil. Quiero conocer la opinión del tribunal sobre el trabajo de los fiscales. Quiero conocer de la impugnación de los defensores a la prueba del Gobierno. Al final, quiero saber si la rama de Gobierno llamada a decidir en este asunto, la Judicial, concluye que la Ejecutiva acusó a la persona verdaderamente responsable o si dejaron fuera a otros.
Todo lo demás me parece innecesario y repugnante.
 

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