Columna de Mariliana Torres: Crónica periodística con rostro humano

El caso que se ventila en el tribunal contra Luis Gustavo Rivera Seijo, alias el Manco, por presuntamente asesinar al niño Lorenzo Gónzalez Cacho podría convertirse en un ejercicio de crónica periodística. Lo conversaba el otro día con un compañero periodista curtido en ese género. Él me hablaba de la ausencia del rostro humano en las historias periodísticas que se preparan a diario y cuya mayoría parten del chisme. Precisamente ese rostro que en la crónica es el protagonista de la narración se obvia, y recurren al día a día sin contrastar hechos. Esas historias periodísticasen las que no era necesario la imagen porque con la descripción magistral parecía que uno estaba dentro de la sala judicial son inexistentes. Si se observa con toda la seriedad que ameritan los hechos de ese aberrante crimen tenemos ante nosotros una de las peores coberturas periodísticas desde sus inicios.

Ocultar y negar información ha ocasionado la especulación de seudoperiodistas y la audiencia ha asumido como hecho lo incierto. Aquí todo el mundo opina, pero realmente lo que ocurrió en el cuarto donde supuestamente el niño estaba durmiendo no lo sabe nadie. En una ocasión, un policía de alto rango me comentó que este caso lo “dañó” desde sus inicios el Departamento de Justicia al escoger personas sin experiencia para investigar un suceso tan complicado, permitir que se limpiara la escena y se botara el colchón donde dormía el menor y para colmo indicarle a la madre del niño y a otros más que eran sospechosos. Todo ello ocasionó que la investigación no cursara su debido camino, se contaminara y ya por años hemos visto el resultado: silencio. A un lado quedó la contrastación de evidencia. Aquellos periodistas que son abogados saben que la prueba hay que contrastarla, al igual que los hechos reales que se observan al escribir una crónica periodística. Los periodistas no somos fiscales y mucho menos le vamos hacer el trabajo a Justicia porque ese no es nuestro trabajo, pero hay que tener los ojos bien abiertos y malicia periodística para poder informar la verdad. De seguro el testimonio del Instituto de Ciencias Forenses es esencial y ofrece muchas respuestas. Ninguno de los periodistas estuvo en la escena del crimen, por lo que toda información que se transmita, fuera de lo que se escucha en la sala del tribunal, en torno a la actuación de las personas involucradas es pura especulación.