Columna de Yolanda Rosaly: ¡Apoyo a los peludos sin temor al qué dirán!

Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly

Más que una celebridad, Violeta es un ser dichoso y privilegiado. Igualmente lo son miles de criaturas de cuatro patas que han encontrado a humanos buenos y valientes que han decidido adoptarlos, protegerlos y defenderlos abiertamente sin temor a las críticas de aquellos con mentes retrógradas y cavernícolas que menosprecian el amor que llega a sentirse por estas criaturas.  Esta perrita, cuya desaparición se volvió viral en las redes y, gracias a esto, fue reconocida y recuperada por su dueño, pone de manifiesto muchos valores humanos y las ventajas de los avances tecnológicos y cibernaúticos.

Para empezar, felicito a los que no se han dejado intimidar por quienes han criticado la relevancia pública que se le ha dado al caso de Violeta. Sin dudas, es una perrita de raza, hermosa y hasta chic. Pero estoy completamente segura que, al perderla, su dueño sintió exactamente lo mismo que vivimos aquellos a quienes se nos han desaparecido satos (perros o gatos), de cualquier color, tamaño, apariencia… Lindos o feos… Acicalados o “espeluzaos”.

No puedo entender cómo es posible que a estas alturas del mundo y la vida, a la que llamamos “civilizada”, todavía haya gente que no tenga claro que se trata de seres vivos, que sienten y padecen exactamente igual que un humano y a quienes estamos llamados a proteger pues, aunque suene trillado, ciertamente no tienen voz. Pero, sin dudas, lo que sí tienen es muchas, pero muchas formas de manifestar su agradecimiento. Y los miles y millones de papás de chicos y chicas de cuatro patas entienden perfectamente de lo que hablo.

Entonces, aquí lo relevante no es Violeta, sino lo que ella ha venido a representar: el poder que tienen las redes sociales, los medios de comunicación, los ciudadanos para hacer de la vida de nuestro prójimo una mejor. Cada vez que le damos share a un animalito perdido, a uno que necesita un hogar, a un pedido de una rescatista que solicita recursos para curar a un animalito enfermo, herido o maltratado estamos aportando al bienestar de ese ser peludo, de su amo, de su cuidador temporero. ¡Así que hágalo! ¡No tenga temor al qué dirán! ¡Ya verá qué bien se siente! Sobre todo, cuando poco tiempo después se entere de que fue parte de la alegría, la salud, el bienestar de ese ser o sus seres queridos.
En la misma línea, he visto cómo diversos programas de radio y televisión le dedican espacios fijos a educar sobre el tema del maltrato, el abandono, la adopción, etc., y el avance que esto va significando en la vida de estos angelitos y de todo el pueblo. ¡Enhorabuena!

Así las cosas, hace falta más. Por ejemplo, algo sencillo: eliminar de nuestro pensamiento y vocabulario frases hechas que son ofensivas, crueles y hasta ilegales… Hace unos días escuché decir en una emisora de radio “la dejaron tirada en la calle como si fuera un perro”, refiriéndose a la mamá del comediante Pedro Juan Texidor, quien, lamentablemente, falleció víctima de un conductor irresponsable que la atropelló y la dejó abandonada en la carretera.

Mi apreciado y respetado Alí Warrington, estoy segura de que no tuviste ninguna mala intención al pronunciar esa frase; probablemente, ni te diste cuenta de lo que decías. Pero aquellos que amamos y respetamos a los animales saltamos de inmediato ante comentarios como estos que inconscientemente refuerzan percepciones totalmente incorrectas. No es de humanos, ni de cristianos ni moralmente correcto dejar un perro o un gato tirados en la calle. De hecho, una persona que atropelle a un animal e intencionalmente lo deje abandonado a su suerte puede ser sancionado por ley.

Respetemos la vida. Todo lo que es vida. Como individuos debemos tener esa responsabilidad diaria y aquellos que trabajamos en los medios de comunicación el compromiso tiene que ser doble.
 

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