Columna de Mariliana Torres: ¿Deben los medios abstenerse de cubrir terrorismo?

Si se han fijado, los terroristas utilizan los medios de comunicación para difundir sus mensajes, expectativas y consecuencias de sus actos porque les interesa que el mundo se entere de su barbarie.

Siempre expresan su necesidad de que la audiencia observe con miedo sus acontecimientos y advertencias contra lo que ellos entienden son sus opositores. Sin embargo, aunque esa noticia sobre terrorismo tiene pertinencia, el periodista debería discernir cuando debe abstenerse de publicar para evitar convertirse en el vehículo de la propaganda terrorista. El terrorista gusta de que se exalte su autoría del crimen porque vive para que el pueblo observe cómo sus acciones se están cumpliendo. Lo que buscan es la primera plana de diarios, exaltación y exageración en las redes sociales y la publicidad de las muertes en los telediarios. El reconocimiento de cada una de las muertes supone la supremacía y el placer de observar cómo su objetivo es cumplido. Es realmente cruel y terrible lo señalado, pero, lamentablemente, es así. Por ejemplo, el grupo terrorista ISIS no se dio a conocer concediendo entrevistas o con campañas publicitarias, sino que consiguió que todo el mundo supiera de su organización por la propaganda de las imágenes de sus decapitaciones. Los periodistas le sirvieron para transmitir su mensaje de terror, porque a los medios de comunicación les fascina difundir las imágenes de la miseria humana, el desastre y la tragedia. Si las imágenes no fueran violentas, el medio de comunicación las pasaría por alto. Además, el miedo siempre es noticia. Entonces, observamos como tanto el terrorista como los medios de comunicación utilizan la propaganda a su modo. Los terroristas para exaltarse, mientras que los medios de comunicación para aumentar los índices de audiencia, los likes en las redes sociales y los lectores.

Esta semana nos consternamos con otro ataque terrorista en Bruselas. No se puede ignorar el hecho y los medios de comunicación rápidamente transmitieron el suceso. Muchos periodistas trataron de que la noticia no se convirtiera en propaganda al repetir constantemente que las personas con intereses en esa parte del mundo que publicaran en Facebook cuál era su estado de salud ante la preocupación de familiares. Es decir, pedían que utilizaran las redes sociales correctamente evitando ensalzar. Con ese llamamiento el periodismo se está defendiendo de enaltecer los actos terroristas y evitando seguir publicando informaciones que se conviertan en propaganda de sus actos. Me pregunto: “Si no existieran los medios de comunicación, ¿habría terrorismo?”. Es difícil contestar esa pregunta. Pero, si pensamos en los actos terroristas del 11 de septiembre en EE. UU., probablemente contestaríamos a la pregunta que no. La audiencia repudió la repetición constante de los aviones chocando contra las Torres Gemelas. Los medios de comunicación entendieron que todos debían evitar retransmitir las imágenes porque eran propaganda para el objetivo yihadista. Se confirmó que los terroristas querían esa transmisión de imágenes para exaltar su labor, lo que convertía a los medios de comunicación en rehenes de los terroristas. Si bien los medios de comunicación no deben dejar de informar sobre lo que acontece, es una posición bien difícil escoger qué transmitir, pues podríamos caer en la autocensura.

Me parece que la respuesta al terrorismo no puede ser el silencio del periodista, porque el periodismo dejaría de cumplir uno de sus principales valores, que es informar. ¿Qué hay que hacer entonces con el mensaje terrorista? Es necesario que el periodista entienda que no se puede prestar a la censura y que responsablemente debe informar sin claudicar. La información periodística que se publique no debe ser magnificada, porque entonces el periodista se convertiría en partícipe. Se debe atender la noticia a partir de los acontecimientos sin construir un estandarte al horror de los hechos.