Columna de Julio Rivera Saniel: Jeremy y nuestras mojigaterías

Por Julio Rivera Saniel @riverasaniel

Jeremy Ruiz Tomassini está libre. Y lo está gracias al poder de indulto ejercido por el gobernador, quien el domingo anunció su determinación. Una decisión que, desde mi punto de vista, no es solo acertada, sino consistente con la política pública que promueve un enfoque salubrista para el tema del consumo de drogas.

Estoy seguro de que no estoy solo en mi apreciación. Aunque también de que son muchos —tal vez usted— los que cuestionan o se colocan en contra de la decisión. Y todo ello es debatible, sin duda. Después de todo, se trata de alguien que violó la ley y, con ello, cometió un delito. Los delitos, ¿no? La pregunta en esta coyuntura debe ser cómo lo castigamos.

Según los hechos vistos en corte, Ruiz Tomassini —hoy indultado— y Melvin Villanueva, de 21 años, —hoy libre tras ser absuelto en corte— fueron acusados por consumir y compartir un cigarrillo de marihuana “en un área recreativa”, lo que supone una violación al artículo 411 de la Ley de Sustancias Controladas. Para evitar una pena mayor, Jeremy se declaró culpable, por lo que extinguía una sentencia de cuatro años.

Bajo nuestro ordenamiento jurídico, Jeremy cometió un delito, el mismo que ha sido una de las puntas de lanza de la llamada guerra contra las drogas durante décadas. Ese castigo que coloca a los consumidores de la droga como “enemigos” del Estado y criminales, que cree que metiendo a esos consumidores en la cárcel logrará ganar la guerra. Ese, mis amigos, es precisamente el problema.

Tras décadas de “guerra” y miles de jóvenes usuarios ingresados en la cárcel por haber cometido delito, los números nos confirman —en los hechos— que los gobiernos que se han aferrado a la visión en la que el consumidor es visto como criminal se han golpeado con fuerza contra la pared del fracaso.

Ninguno ha logrado herir de muerte al negocio del narcotráfico al insistir utilizar políticas punitivas contra los consumidores. En cambio, en los hechos, países que han reconocido el fracaso de esas políticas han visto la luz. Naciones como Portugal, Suiza u Holanda han reducido los números del crimen al despejar su mirada nublada por el uso y la costumbre. En lugar de meter en la cárcel a los consumidores, esos países se han movido a la implementación de políticas salubristas que reconocen al usuario como “paciente” y no como “criminal”. ¿El resultado? Una baja consistente en sus números de delitos vinculados al narcotráfico. ¿No lo cree? Busque los datos. Los encontrará.

Entonces, conviene preguntarse si debe ser considerado el usuario como criminal. ¿Es la cárcel el antídoto que cura el uso de sustancias controladas o es acaso un foco para la exposición real al mundo criminal? Probado está que la exposición a la cárcel a jóvenes con el perfil de Jeremy no hace más que servir, en muchos casos, como una suerte de ritual de iniciación en el mundo criminal, por no hablar del gasto que ello supone para el gobierno.

Jeremy y sus aliados han conseguido el indulto. Y ello no es responsabilidad minúscula. El joven deberá probarse merecedor del respaldo público y la confianza para una nueva oportunidad. Si fracasa en conseguirlo, se encargará por sí solo de poner una enorme piedra en el camino de una mirada salubrista a la guerra contra las drogas. Y más vale que lo tenga en cuenta. Pero nosotros, los ciudadanos, tenemos la responsabilidad de evaluar los hechos sobre nuestra fallada guerra antidrogas, exigir nuevas estrategias y despejar la mirada de las mojigaterías, que en los actos nos anclan al tercer mundo, aunque en el discurso se nos antoja pensarnos parte del primero.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo