Columna de Lily García: No son de cocodrilo

Yo lloro hasta en los comerciales, y lo digo literalmente. Hace poco leí un artículo acerca de un hombre que se dedicó durante un mes a anotar todas las cosas que hacían llorar a su esposa.  Recordé que una vez mi exmarido escribió una tirilla cómica al respecto y en ocho paneles me describió llorando como en seis ocasiones distintas en un día.  

No me avergüenzo de ser llorona. Al contrario, está comprobado que las personas que lloran (controladamente, por supuesto) tienden a tener procesos de sanación emocional más saludables y a ser más empáticos.  Se sabe también que el llanto baja el estrés y al permitirnos “soltar” nos ayuda a mantenernos más optimistas.

Pero aun conociendo el incalculable valor emocional que encierran las lágrimas, jamás imaginé que esas gotitas que se deslizan, a veces en torrentes, por nuestras mejillas podían ser tan bellas.  Y es que una fotógrafa norteamericana publicó recientemente un libro con impresionantes imágenes de lágrimas captadas bajo el lente de un microscopio.   

Rose Lynn-Fisher cuenta que comenzó este proyecto hace seis años en un momento en que estaba atravesando por grandes pérdidas que habían hecho del llanto algo demasiado común en su vida. La artista, quien había fotografiado ya imágenes microscópicas de abejas y sus panales, se preguntó un día cómo se verá una lágrima de cerca.

Tomó una de sus propias lágrimas, la secó sobre una laminilla de cristal y la observó bajo un microscopio. Para su sorpresa descubrió que la lágrima internamente mostraba un patrón que se asemejaba a un paisaje visto desde un avión.  Pero su curiosidad no quedó satisfecha.  “¿Serán iguales todas las lágrimas?”, se preguntó.  “¿Habrá una diferencia entre la lágrima que nace del dolor, del sufrimiento, de la alegría o del acto de picar una cebolla?”.

Y así convirtió su estudio fotográfico en un laboratorio donde observó cientos de lágrimas.  Y lo que descubrió resultó en una impresionante secuencia de fotografías que publicó en el libro Topography of tears (La topografía de las lágrimas). Cada lágrima, dependiendo de aquello que la causa, tiene su patrón, y, aunque comparten sustancias en común, también hay elementos que las diferencian. La fotógrafa encontró, por ejemplo, que en las lágrimas que nacen de una emoción fuerte contienen moléculas de un neurotransmisor que el cuerpo produce para protegerse del estrés físico o emocional.  Esa lagrimita te está diciendo que tu cuerpo es sabio. 

Admito que desde hoy siento más respeto hacia las lágrimas. Y espero que aquellos que tienen dificultad para llorar se motiven ahora a buscar alternativas para abrir esa compuerta hacia un mayor balance emocional. Las fotos lo dicen todo: como es adentro es afuera.    

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