Columna de Francisco Zamora: El otro 25 de julio

Por Francisco Zamora

Asumo que todas las columnas que se publiquen hoy o durante los próximos días tendrán como norte reflexionar sobre el tema del Estado Libre Asociado, la colonia, la estadidad y todo ese tema sobre la soberanía que nos ha perseguido por cientos de años.

Yo podría unirme para comentar sobre esto, pero prefiero darles otra memoria para recordar esta fecha del 25 de julio.  Algo de igual importancia, o mayor dirían algunos, sucedió un 25 de julio en nuestra historia como país. 

Muchos recordarán que durante la primera mitad del siglo XX, Puerto Rico tuvo una serie de gobernadores de origen norteamericano, estos hombres eran nombrados por el gobierno de los Estados Unidos y eran ellos quienes tenían la palabra final sobre lo que ocurría en la isla. Eran ellos los que intentaban decidir sobre una población con otra cultura y otras necesidades.

Luego de un proceso de entrevistas en Casa Blanca y muchos reclamos en las calles de Puerto Rico, aquel día 25 de julio del 1946, un hombre nacido en el pueblo de Carolina, con el nombre de Jesús T. Piñero, fue nombrado Gobernador de Puerto Rico por el Presidente de los Estados Unidos, Harry Truman.

Este hombre asumió la difícil tarea de ser el primero en tratar de representar los intereses de un pueblo que buscaba, a toda costa, preservar su identidad.

Piñero antes de ser político tenía una enorme curiosidad por la tecnología y la ciencia. Ese interés lo llevó a estudiar ingeniería en la Universidad de Pennsylvania.

Fue gracias a Piñero que Puerto Rico tuvo su primera estación radiotelefónica. Con ese primer equipo logró comunicarse desde Puerto Rico a Estados Unidos con familiares de personas que lo necesitaban.

Piñero tenía como norte llevar el país a la modernidad, sacarlo del atraso y la pobreza. Con su inventiva vio en el cine una herramienta popular para dar conocimiento a las masas. Así se dedicó a realizar cortometrajes de la vida en el campo y los problemas de estas poblaciones que no contaban con recursos básicos.

Eso le permitió estar informado y tomar acción para cambiar las vidas de estas personas. Durante 16 años recorrió los campos del país proyectando las películas y le ofrecía a la población alternativas de salud y educación. ¿Cómo hoy no hablamos más de Piñero? Eso es una pregunta para la reflexión colectiva. 

Hoy, mañana y los próximos días el debate será la colonia, la estadidad o la independencia. Pero ¿qué pasa con esos pequeños actos de independencia que hacemos a diario? Esos mismos actos que hizo el primer gobernador puertorriqueño del cual poco se habla hoy.

Propongo que esta fecha se le otorgue un nuevo sentido, una nueva memoria. La memoria de Piñero en los campos de la isla documentando la realidad del pueblo y haciendo algo para cambiarlo. Esa memoria es real y digna de celebrar.

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