Una deuda permanente
Lea la columna del representante del PIP
Por Denis Márquez
La calidad de vida de los adultos mayores no es un reto, es una obligación constitucional, de política pública y social. Dicha obligación ha sido violentada por años, por los diversos gobiernos de Puerto Rico. Son múltiples ejemplos de las traiciones a este inmenso sector de la sociedad, que cada día aumenta por la realidad demográfica.
Una de las áreas de mayor traición ha sido los servicios básicos. La crisis del agua es el ejemplo más reciente. Miles de adultos mayores sufren todos los días la ausencia de agua potable, afectándose toda su vida y salud constantemente.
El servicio de energía eléctrica es otra gran traición. Los constantes apagones maltratan diariamente la vida de los adultos mayores. El aumento de la factura es otro golpe brutal al bolsillo y a la subsistencia misma del adulto mayor. Miles viven en precariedad, teniendo que escoger entre pagar facturas o comprar medicinas o alimentos.
En el área de los servicios de salud, de cuidado y de protección social es otro de los grandes problemas, cada día son más los adultos mayores en la soledad, sin cuidados y atenciones necesarias.
En ocasiones anteriores hemos planteado en este espacio la injusticia de la prohibición de aumentar las pensiones a los jubilados del empleo público, provocando que el valor económico de sus pensiones no les permita adquirir los bienes y los servicios básicos para su vida diaria.
Existen otras áreas que afectan de manera constante su calidad de vida, la ausencia de planificación urbana con graves problemas de transporte, las violaciones a nuestros recursos naturales y medio ambiente, que incluye las actuaciones legislativas y gubernamentales en los proyectos como Esencia y Moncayo, la destrucción de la zona del Carso, el estacionamiento del Escambrón, entre otros fatales “proyectos”.
Tampoco podemos olvidar a los adultos mayores “criando nietos” y dando apoyo a sus hijos ante la crisis económica y de vivienda.
Los adultos mayores son parte del presente y del futuro de nuestra nación, y tenemos una deuda permanente, que debemos pagar transformando el gobierno y la sociedad.


