Puerto Rico: ¿es un reto la calidad de vida para los adultos mayores?
Lea la columna del expresidente del PPD
Puerto Rico está envejeciendo. No es una proyección lejana ni un problema que podamos dejar para la próxima década. Ya está ocurriendo.
Según datos recientes del U.S. Census Bureau, el 26% de nuestra población tiene 65 años o más. Dicho de otra manera: aproximadamente uno de cada cuatro puertorriqueños pertenece ya a ese grupo de edad.
Pero quizás hemos formulado mal la discusión. El reto no es simplemente que tengamos cada vez más adultos mayores. La verdadera pregunta es si Puerto Rico está preparado para ofrecerles calidad de vida.
Y calidad de vida significa mucho más que acceso a servicios médicos o una pensión. Significa poder vivir de manera independiente y segura. Tener transportación accesible, vivienda adecuada, aceras que permitan caminar, servicios esenciales confiables, acceso a medicamentos y espacios para compartir. Significa también poder utilizar servicios gubernamentales y privados en una economía cada vez más digital sin que la tecnología se convierta en otra barrera.
Incluso debemos hablar de algo menos visible: la soledad y el aislamiento. Una sociedad preparada para envejecer no puede limitar su política pública a reaccionar cuando una persona necesita asistencia. Debe construir comunidades que permitan mantenerse activo, conectado y, hasta donde sea posible, independiente.
Eso requiere planificación.
Durante años hemos hablado del envejecimiento poblacional como una estadística demográfica. Es hora de comenzar a verlo como un criterio para diseñar el Puerto Rico de las próximas décadas. Vivienda, transportación, salud, tecnología, desarrollo urbano y servicios gubernamentales deberían incorporar esa realidad.
No se trata de diseñar un país exclusivamente para los adultos mayores. Se trata de reconocer quiénes somos y hacia dónde vamos.
Porque hablar de calidad de vida para nuestros adultos mayores tampoco es hablar del Puerto Rico de otros. Es hablar de nuestros padres, nuestros abuelos y familiares. Y, si tenemos la fortuna de llegar allí, es hablar también del Puerto Rico en el que algún día nos tocará vivir.
Envejecer es inevitable. Hacerlo con dignidad no debería depender de la suerte.


