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title: "Envejecer con calidad de vida en Puerto Rico"
description: "Lee la columna del abogado estadista"
canonical: "https://www.metro.pr/opinion/2026/10/08/envejecer-con-calidad-de-vida-en-puerto-rico"
section: "Opinión"
author: "Alejandro Figueroa"
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published: "2026-10-08T07:00:00.000Z"
updated: "2026-10-08T07:00:03.098Z"
tags: ["Puerto Rico"]
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Envejecer con calidad de vida en Puerto Rico

_Lee la columna del abogado estadista_

Por Alejandro Figueroa · Opinión · 2026-10-08T07:00:00.000Z

Envejecer es un privilegio. Hacerlo con calidad de vida, sin embargo, no ocurre automáticamente. Requiere salud, seguridad económica, movilidad, compañía, espacios adecuados y, sobre todo, la posibilidad de continuar participando activamente en la sociedad.

Esta discusión cobra particular importancia en Puerto Rico. Según datos de la Encuesta sobre la Comunidad del Negociado del Censo para 2024, aproximadamente 790,000 personas en Puerto Rico tienen 65 años o más. Eso representa cerca de una cuarta parte de nuestra población. Si ampliamos el grupo a las personas de 60 años o más, hablamos de más de un millón de puertorriqueños.

Por eso, hablar sobre calidad de vida para nuestros adultos mayores no puede limitarse a hablar de pensiones, Medicare o servicios médicos. Tenemos que preguntarnos qué necesita cualquier ser humano para disfrutar plenamente esa etapa de su vida.

Lo primero, naturalmente, es acceso a servicios de salud de calidad. A medida que envejecemos aumenta la probabilidad de necesitar especialistas, medicamentos, terapias y cuidados continuos. En Puerto Rico, esto se complica por las dificultades que enfrentamos para retener médicos y otros profesionales de la salud, particularmente especialistas, y por las diferencias en acceso a servicios entre el área metropolitana y muchos municipios del resto de la Isla.

Pero la salud es apenas una parte de la ecuación.

Una persona puede tener una excelente cubierta médica y, aun así, tener una pobre calidad de vida si no puede llegar al supermercado, visitar a sus familiares, acudir a una cita médica o simplemente salir de su casa. Ahí entra el transporte.

Puerto Rico continúa siendo una sociedad extraordinariamente dependiente del automóvil. Para un adulto mayor que ya no puede o no debe conducir, esa realidad puede convertirse en aislamiento. Fuera de determinadas zonas metropolitanas, las alternativas de transporte público son limitadas. Depender de familiares o servicios privados no siempre es práctico y mucho menos económico.

También está el costo de vida. Una persona retirada generalmente vive de ingresos fijos mientras continúa pagando alimentos, electricidad, agua, vivienda, medicamentos, transportación y otros gastos que siguen aumentando. Para quien depende principalmente del Seguro Social o de una pensión modesta, cada aumento en la compra o en la factura de electricidad representa una reducción real en su calidad de vida.

La seguridad también importa. Un adulto mayor debe poder caminar por su comunidad, visitar un parque, ir a una plaza o hacer sus diligencias sin sentirse vulnerable. Y esa seguridad incluye algo tan básico como nuestras aceras. Aceras rotas, falta de rampas, obstáculos, iluminación deficiente y espacios públicos que no contemplan las limitaciones de movilidad pueden convertir una salida sencilla en una aventura.

Hay otro elemento al que quizás prestamos menos atención: tener razones para salir de la casa.

Envejecer bien requiere actividad física, pero también actividad intelectual y social. Bibliotecas, parques, centros comunales, universidades, organizaciones sin fines de lucro, iglesias y municipios pueden ofrecer espacios para hacer ejercicio, aprender, leer, jugar, conversar, tomar cursos, participar del arte o simplemente compartir con otras personas.

Mantener la mente ocupada y las relaciones humanas vivas no es un lujo. Una sociedad que aspira a cuidar a sus adultos mayores tiene que combatir activamente la soledad y el aislamiento.

Aquí también tenemos un reto particular. Durante décadas, miles de jóvenes puertorriqueños han emigrado buscando oportunidades profesionales. Detrás quedan padres y abuelos que envejecen mientras sus hijos y nietos viven a cientos o miles de millas de distancia. Nuestra transformación demográfica, por tanto, no solamente aumenta proporcionalmente el número de adultos mayores; también puede reducir la red familiar disponible para acompañarlos y cuidarlos.

Todo esto obliga a repensar nuestras políticas públicas.

Cada proyecto de vivienda, sistema de transportación, parque, acera, programa cultural, facilidad médica y desarrollo urbano debería evaluarse también desde la perspectiva de una población que envejece. Los municipios, particularmente, tienen una oportunidad extraordinaria para desarrollar comunidades donde los servicios esenciales estén próximos, existan alternativas de transporte y haya espacios públicos seguros y accesibles.

Pero tampoco podemos delegar toda la responsabilidad al Gobierno.

Las familias tenemos que prepararnos. Hay que hablar con nuestros padres sobre vivienda, finanzas, salud y movilidad antes de que surja una crisis. Los hijos tenemos una responsabilidad moral de acompañar a quienes nos acompañaron cuando nosotros dependíamos de ellos. Y las comunidades tenemos que recuperar algo que siempre fue parte importante de nuestra cultura: estar pendientes unos de otros.

Puerto Rico enfrenta enormes retos como consecuencia del envejecimiento de su población. Pero vivir más años no debería verse como un problema. El verdadero problema sería no adaptar nuestra sociedad a esa nueva realidad.

El éxito de un país no se mide únicamente por cuánto produce o cuánto crece su economía. También se mide por cómo trata a quienes dedicaron décadas a trabajar, criar familias y construir la sociedad que hoy disfrutamos.

La aspiración debe ser sencilla: que llegar a los 70, 80 o 90 años en Puerto Rico no signifique vivir aislado, limitado o preocupado por cómo cubrir las necesidades básicas, sino continuar teniendo independencia, seguridad, propósito y comunidad. Porque añadir años a la vida es un logro. El próximo reto de Puerto Rico es asegurarnos de añadir vida a esos años.

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