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title: "Apuesta esencial"
description: "Lee aquí la columna del abogado estadista"
canonical: "https://www.metro.pr/opinion/2026/09/03/apuesta-esencial"
section: "Opinión"
author: "Alejandro Figueroa"
author_url: "https://www.metro.pr/autor/alejandro-figueroa"
published: "2026-09-03T07:00:00.000Z"
updated: "2026-09-03T07:00:02.193Z"
tags: ["Puerto Rico", "Economía"]
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Apuesta esencial

_Lee aquí la columna del abogado estadista_

Por Alejandro Figueroa · Opinión · 2026-09-03T07:00:00.000Z

El debate sobre el proyecto Esencia en Cabo Rojo ha cambiado sustancialmente durante las últimas semanas. Lo que comenzó como una discusión entre quienes ven en el proyecto una oportunidad extraordinaria de inversión y quienes advierten sobre sus posibles consecuencias ambientales y sociales ha entrado ahora en una etapa distinta: la de demostrar, con datos y no con consignas, si un desarrollo de esta magnitud puede realizarse responsablemente en el oeste de Puerto Rico.

Las vistas celebradas por el Senado han servido precisamente para eso. La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, la Autoridad de Energía Eléctrica y la Compañía de Turismo han planteado serias reservas sobre el proyecto. Particularmente preocupante resulta el señalamiento de que la infraestructura existente no tiene capacidad para atender la demanda de agua y energía que generaría Esencia.

Los desarrolladores, por su parte, han respondido que el proyecto pretende ser autosuficiente y no depender de las redes de la AAA y la AEE. Han reconocido, además, que todavía tienen que satisfacer numerosas condiciones antes de poder llevar adelante el desarrollo.

Así debe funcionar el proceso.

Puerto Rico necesita inversión. Necesitamos crecimiento económico y necesitamos urgentemente que ese crecimiento trascienda el área metropolitana. El turismo se ha convertido en uno de nuestros motores económicos más importantes y el oeste posee condiciones extraordinarias para participar mucho más activamente de esa industria.

Precisamente por eso no debemos descartar ligeramente un proyecto como Esencia.

Una inversión de esta magnitud tiene el potencial de generar actividad económica durante años, comenzando con la construcción y extendiéndose posteriormente a hoteles, restaurantes, comercios, transportación, agricultura, servicios profesionales y decenas de actividades económicas relacionadas. Más importante aún, podría servir de punta de lanza para demostrar que Puerto Rico puede atraer inversión turística de clase mundial fuera de San Juan.

Pero reconocer ese potencial no significa extender un cheque en blanco.

Puerto Rico no puede darse el lujo de rechazar inversión responsable; pero tampoco puede darse el lujo de aprobar proyectos cuya viabilidad dependa de recursos o infraestructura que sencillamente no existen.

El agua es probablemente el mejor ejemplo. Las comunidades del oeste conocen de primera mano los problemas de presión, interrupciones y abasto. Ningún desarrollo, por importante que sea su inversión, debe deteriorar el servicio que reciben quienes ya viven allí. Los desarrolladores han asegurado que Esencia será autosuficiente, les corresponde ahora demostrar técnica y científicamente que pueden hacerlo sin afectar los acuíferos, los recursos naturales ni el suministro de las comunidades circundantes.

Lo mismo debe ocurrir con la energía, el manejo de desperdicios, las carreteras, el acceso a las costas y la protección de áreas ecológicamente sensitivas.

Las preocupaciones expresadas por comunidades, científicos, ambientalistas y ciudadanos merecen ser escuchadas. También deben reconocerse las modificaciones que los proponentes han realizado al proyecto para atender algunas de ellas. El proceso de permisos existe precisamente para separar las preocupaciones que pueden atenderse mediante modificaciones y condiciones de aquellas que pudieran hacer inviable un proyecto.

Ese proceso tiene que ser transparente y riguroso.

Las vistas del Senado han resultado positivas en la medida que sirven para fiscalizar, aclarar interrogantes y obligar tanto a las agencias como a los desarrolladores a sustentar sus posiciones. Aún cuando algunos medios así han querido proyectoarlo, NO son un juicio político sobre si en Puerto Rico debemos permitir o no grandes proyectos turísticos. Esa sería la discusión equivocada.

La pregunta correcta, y que durante el transcurso de las vistas se ha ido atendiendo, es qué condiciones debemos exigir para que una inversión de esta magnitud pueda convertirse en un activo para Cabo Rojo, para el oeste y para Puerto Rico.

Durante demasiado tiempo hemos hablado de descentralizar nuestra economía y llevar oportunidades más allá del área metropolitana. Cuando finalmente aparecen proyectos capaces de hacerlo, nuestra respuesta no puede ser automáticamente “no”. Debe ser: demuéstrennos que puede hacerse bien.

Esencia, como todo proyecto de esta envergadura, tiene todavía mucho que demostrar. Eso es parte de todo proceso de desarrollo, no una señal de que los desarrolladores han escondido información o actuado al margen de la ley. Sus desarrolladores, como parte de los procesos administrativos, tendrán que probar que cuentan con el agua, la energía y la infraestructura necesarias; que protegerán nuestros recursos naturales; que garantizarán el acceso público a nuestras costas; y que las comunidades del oeste serán beneficiarias y no víctimas de su desarrollo.

Si pueden hacerlo, como hasta el momento han representado, Puerto Rico debería estar dispuesto a apostar por el proyecto.

Porque el verdadero dilema nunca debió ser escoger entre desarrollo y conservación. Nuestra apuesta esencial debe ser por un Puerto Rico capaz de hacer ambas cosas.

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