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title: "Puerto Rico no se salva desde la tarima"
description: "Lee aquí la columna del abogado estadista"
canonical: "https://www.metro.pr/opinion/2026/08/27/puerto-rico-no-se-salva-desde-la-tarima"
section: "Opinión"
author: "Alejandro Figueroa"
author_url: "https://www.metro.pr/autor/alejandro-figueroa"
published: "2026-08-27T17:20:19.882Z"
updated: "2026-08-27T17:20:20.071Z"
tags: ["Opinion o Columnas", "Puerto Rico"]
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Puerto Rico no se salva desde la tarima

_Lee aquí la columna del abogado estadista_

Por Alejandro Figueroa · Opinión · 2026-08-27T17:20:19.882Z

Pocas figuras han proyectado a Puerto Rico ante el mundo como Bad Bunny. Su residencia, en el Coliseo, fue mucho más que un éxito artístico: atrajo visitantes, llenó hoteles y restaurantes, generó actividad económica durante meses tradicionalmente lentos y convirtió nuestra cultura en protagonista de la conversación internacional. Según un análisis publicado recientemente, el gasto total, en San Juan, aumentó casi 20 % durante los fines de semana de la residencia, mientras el gasto de visitantes internacionales creció más de 35 %.

Ese logro debe reconocerse sin reservas. Benito Martínez Ocasio ha demostrado que, desde Puerto Rico, se puede construir una marca global, crear empleos, exportar talento y producir riqueza. También ha provocado que miles de jóvenes se interesen en asuntos sociales y políticos que antes les resultaban distantes. Su arraigo no responde únicamente a su música: responde a que una generación siente que él articula sus frustraciones.

Precisamente por la enorme influencia que ejerce, sus expresiones merecen algo más que aplausos automáticos.

Durante el cierre de su gira en Puerto Rico, Bad Bunny afirmó que “este caos, este desastre, es creado a propósito” para lograr que los puertorriqueños se rindan, se marchen y permitan que la isla se continúe vendiendo “parte por parte”. También manifestó su oposición al proyecto Esencia y ha reiterado su preocupación por quienes llegan a invertir, comprar propiedades o establecerse en Puerto Rico.

Es legítimo cuestionar cualquier proyecto de desarrollo. Esencia, como todo proyecto de su magnitud, debe cumplir rigurosamente con las leyes ambientales, proteger los recursos naturales, atender las necesidades de las comunidades y demostrar que sus beneficios justifican sus impactos. También es válido denunciar el desplazamiento de residentes, la especulación inmobiliaria o el uso indebido de incentivos.

Lo que no ayuda es convertir problemas complejos en una teoría según la cual todo responde a un plan deliberado para expulsarnos.

La falta de agua, los apagones, la pobre calidad educativa y la criminalidad no nacieron de una sola administración, de un inversionista o de un proyecto turístico. Son el resultado acumulado de décadas de mala planificación, mantenimiento insuficiente, burocracia, decisiones políticas equivocadas, fiscalización deficiente y falta de continuidad en la gestión pública. Explicarlos como parte de un complot puede producir indignación, pero no produce soluciones.

Aquí surge, además, una ironía que no podemos ignorar. Bad Bunny es uno de los empresarios puertorriqueños más exitosos de nuestra época. Su carrera funciona mediante empresas, contratos, inversiones, propiedad intelectual, mercadeo y alianzas comerciales. Rimas y las demás entidades vinculadas a su proyecto operan dentro del mismo sistema capitalista y del ordenamiento económico y contributivo de Puerto Rico que posibilitan otras inversiones.

Nada de eso es reprochable. Al contrario, es evidencia de lo que puede lograr el talento puertorriqueño cuando encuentra capital, organización y oportunidades. Pero resulta contradictorio celebrar el desarrollo económico cuando beneficia nuestro propio proyecto y presentar con sospecha generalizada el capital que impulsa los proyectos de otros.

No todo inversionista viene a robarnos la tierra. No todo desarrollo equivale a desplazamiento. Tampoco toda oposición es irracional. La obligación consiste en examinar cada propuesta por sus méritos: quién la promueve, qué permisos requiere, qué impacto tendrá, cuántos empleos creará, qué infraestructura aportará y cómo protegerá nuestros recursos. Puerto Rico necesita inversión, pero necesita inversión responsable. La respuesta no es cerrarle la puerta al capital, sino fortalecer las instituciones que establecen y hacen cumplir las reglas.

Benito acertó al decir que ningún artista salvará a Puerto Rico. Pero esa conclusión exige llevar su mensaje un paso más allá. El país tampoco se salvará desde una tarima, mediante una consigna o compartiendo una protesta en las redes sociales.

Se salvará cuando los ciudadanos se informen antes de votar; cuando examinen las propuestas y los historiales de quienes aspiran a gobernar; cuando participen en vistas públicas, organizaciones comunitarias y proyectos culturales; cuando emprendan, inviertan, creen empleos y exijan la rendición de cuentas. Se salvará cuando entendamos que el derecho al voto es sagrado y debe utilizarse con la prudencia y responsabilidad que corresponde para colocar en posiciones de liderato a personas capaces, honestas y dispuestas a trabajar.

En Puerto Rico, hay muchísima gente buena —en el gobierno, la empresa privada, las comunidades y las organizaciones sin fines de lucro— tratando genuinamente de echar la isla hacia adelante. Nuestra tarea no es convencer al país de que todo está diseñado para expulsarnos. Es empoderar a quienes construyen, exigir mejores instituciones y optar por aquellos que entendamos sean los más capaces para administrarlas.

La protesta tiene valor. La denuncia también. Pero si verdaderamente queremos defender esta tierra, tenemos que poner la acción donde ponemos la palabra.

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