¿Realmente estamos preparados?

Lee la columna del representante del Partido Independentista Puertorriqueño

Por Denis Márquez

4 jun, 4:00 am 2 min de lectura
¿Realmente estamos preparados?
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El inicio del verano, en el Caribe, se asocia, inexorablemente, con el comienzo de la época de huracanes. Como consecuencia del cambio climático, cada temporada ciclónica se perfila como más activa que la anterior. Este año, debido a la presencia del fenómeno meteorológico conocido como El Niño, presuntamente tendremos menos tormentas en el Atlántico. En el contexto de Puerto Rico, sabemos que, a pesar del discurso oficial de que “estamos listos” para esta temporada, a última hora se revela la ausencia de una planificación adecuada que proteja vida y propiedad adecuadamente.

En primer lugar, la situación crítica de erosión costera, sin que la actual administración tome las medidas recomendadas por los expertos para controlarla, constituye una amenaza real para todos los municipios con costas. Ciertamente, la gobernadora, el secretario de Recursos Naturales y la Legislatura del Partido Nuevo Progresista lo que han hecho es promover el libertinaje, en contubernio con desarrolladores privados, para empeorar esta situación. En segundo lugar, la actual administración se niega a poner en marcha proyectos recomendados por expertos en planificación y urbanismo. Esto ha provocado que no estemos preparados para las consecuencias experimentadas en cada uno de los eventos huracanados recientes, que se han traducido en pérdidas de decenas de miles de millones de dólares a lo largo de las pasadas tres décadas, además de miles de vidas apagadas.

En tercer lugar, el gobierno central no aprendió de la terrible experiencia del paso del huracán María en lo que concierne a la producción, transmisión y distribución de energía eléctrica. La insistencia en continuar quemando combustibles fósiles –cada vez más el gas natural—conjuntamente con la reconstrucción cuestionable de la infraestructura existente ha generado una reacción entendible y lógica, de la inmensa mayoría de la ciudadanía, para prepararse de manera individual ante la posibilidad de tormentas o huracanes. Y, por supuesto, la creciente desigualdad socioeconómica resulta en que las familias más vulnerables son las que se quedan más tiempo sin el servicio de electricidad y de agua potable. La situación actual de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, que pierde la mitad del agua que potabiliza, empeora el escenario descrito.

Ya es hora de tomar en serio esta situación. Nuestro pueblo no aguanta más improvisación; exige coordinación y planificación integral.

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