Coordinar para proteger: el reto ambiental de Puerto Rico

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Por Alejandro Figueroa

28 may, 4:00 am 4 min de lectura
Coordinar para proteger: el reto ambiental de Puerto Rico
Alejandro Figueroa + Columnista

Puerto Rico posee una riqueza natural privilegiada. Nuestros acuíferos, bosques, costas, bahías bioluminiscentes, reservas naturales y cuerpos de agua representan mucho más que belleza escénica: son recursos esenciales para la salud pública, el turismo, la agricultura, la inversión y la calidad de vida de todos los puertorriqueños. Sin embargo, protegerlos requiere algo más que buenas intenciones o legislación ambiental robusta. Requiere coordinación efectiva entre las agencias estatales y federales encargadas de atender, investigar, monitorear y remediar la contaminación ambiental.

Demasiadas veces, cuando surge un evento de contaminación, ya sea por descargas ilegales, derrames, manejo inadecuado de desperdicios, contaminación industrial o afectaciones a cuerpos de agua, la respuesta gubernamental parece fragmentada. Mientras una agencia investiga, otra espera informes; mientras una entidad estatal identifica posibles violaciones, la autoridad federal correspondiente evalúa jurisdicción; y mientras tanto, el daño ambiental continúa avanzando.

La realidad es que los problemas ambientales modernos no respetan líneas jurisdiccionales ni burocráticas. La contaminación de un acuífero puede afectar múltiples municipios. Un vertido en un río puede impactar ecosistemas completos y llegar eventualmente a nuestras costas. Un problema de manejo de desperdicios sólidos puede convertirse rápidamente en una amenaza a la salud pública y al desarrollo económico de una región.

Por eso, resulta indispensable una coordinación real y continua entre entidades como el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), la Junta de Calidad Ambiental bajo el DRNA, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, el Departamento de Salud, los municipios y agencias federales como la Environmental Protection Agency (EPA), el Army Corps of Engineers y el U.S. Fish and Wildlife Service, entre otras.

La protección ambiental no puede operar bajo un modelo reactivo ni aislado. Tiene que existir un sistema integrado de intercambio de información, monitoreo científico, protocolos de respuesta rápida y colaboración técnica. Cuando las agencias trabajan de manera coordinada, se reducen duplicidades, se aceleran investigaciones y se fortalece la capacidad del gobierno para identificar responsables y exigir remediación.

Igualmente importante es la continuidad de los esfuerzos de monitoreo. Muchas veces, la atención pública se concentra en un incidente ambiental durante algunos días o semanas, pero luego el asunto desaparece de la conversación mientras el daño persiste silenciosamente. La contaminación ambiental no siempre produce efectos inmediatos visibles. Algunas de sus consecuencias se manifiestan años después, particularmente en la salud pública, los ecosistemas marinos y la disponibilidad de agua potable.

Puerto Rico necesita fortalecer sus capacidades de monitoreo permanente utilizando tecnología moderna, análisis científicos y sistemas de recopilación de datos compartidos entre agencias. La información debe fluir con agilidad y transparencia. La ciudadanía también tiene derecho a conocer el estado real de sus recursos naturales y los planes de mitigación en curso.

La coordinación interagencial también es fundamental para asegurar que los procesos de remediación realmente se completen. Identificar una fuente contaminante es apenas el primer paso. Luego vienen procesos complejos de limpieza, mitigación, restauración ambiental y supervisión continua para evitar recurrencias. Muchas veces, estos proyectos requieren fondos federales, permisos estatales, supervisión técnica especializada y cooperación municipal. Si una sola pieza del engranaje falla, la remediación puede retrasarse durante años.

El impacto económico de no actuar adecuadamente también debe formar parte de la discusión. La contaminación ambiental afecta el turismo, reduce el valor de propiedades, limita oportunidades de inversión y puede generar costos multimillonarios en infraestructura y salud pública. Proteger nuestros recursos naturales no es un lujo ni un obstáculo al desarrollo económico; es precisamente uno de los pilares necesarios para garantizar un desarrollo sostenible y competitivo.

Afortunadamente, Puerto Rico cuenta con profesionales de primer nivel en ciencias ambientales, ingeniería, planificación y salud pública. También existen programas federales y estatales con herramientas para atender muchos de estos retos. Lo que se necesita es voluntad administrativa y política para integrar esfuerzos, compartir responsabilidades y priorizar resultados.

La preservación ambiental no puede depender únicamente de titulares momentáneos ni de respuestas improvisadas ante emergencias. Tiene que convertirse en una política pública coordinada, consistente y técnicamente sólida. Nuestros recursos naturales son patrimonio de todos los puertorriqueños y una responsabilidad compartida entre generaciones.

La pregunta no es si Puerto Rico puede permitirse invertir en coordinación ambiental efectiva. La verdadera pregunta es cuánto nos costará, como sociedad, no hacerlo.

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