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title: "El Puerto Rico al que tenemos que aspirar"
description: "Lee aquí la columna del abogado estadista"
canonical: "https://www.metro.pr/opinion/2026/05/21/el-puerto-rico-al-que-tenemos-que-aspirar"
section: "Opinión"
author: "Alejandro Figueroa"
author_url: "https://www.metro.pr/autor/alejandro-figueroa"
published: "2026-05-21T08:00:00.000Z"
updated: "2026-05-21T08:00:00.548Z"
tags: ["Opinion o Columnas", "Puerto Rico"]
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# El Puerto Rico al que tenemos que aspirar

_Lee aquí la columna del abogado estadista_

Por Alejandro Figueroa · Opinión · 2026-05-21T08:00:00.000Z

La discusión pública sobre Puerto Rico suele oscilar entre dos extremos igualmente improductivos: el optimismo vacío y el pesimismo permanente. Por eso resulta tan refrescante encontrarse con escritos como _La Junta de Control Fiscal en su Laberinto_, del banquero y financiero Ignacio Canto, una pieza que combina agudeza literaria, análisis económico y una profunda preocupación por el futuro de Puerto Rico.

Más que una crítica a la Junta de Supervisión Fiscal, el ensayo de Canto sirve como una reflexión mucho más amplia sobre la dirección que Puerto Rico ha decidido tomar, o peor aún, sobre la ausencia de dirección que muchas veces define nuestra política pública. Utilizando magistralmente la metáfora de _El General en su Laberinto_, de Gabriel García Márquez, Ignacio retrata a la Junta como una institución con poderes extraordinarios, pero atrapada en un modelo mental incapaz de visualizar crecimiento, dinamismo o expansión económica real.

Y ahí precisamente radica la importancia del argumento que adelanta.

Durante años, Puerto Rico ha vivido bajo proyecciones oficiales que insisten en la contracción: menos población, menos actividad económica, menos inversión, menos futuro. Lo peligroso de esa narrativa no es únicamente que pueda ser incorrecta, como señala Canto al destacar cómo la realidad económica ha superado repetidamente muchas de las proyecciones más pesimistas, sino que termina moldeando el comportamiento colectivo del los que aquí vivimos.

Cuando las instituciones transmiten desesperanza, el inversionista se detiene. El empresario posterga decisiones. El joven profesional prepara su mudanza. Y la familia puertorriqueña comienza a imaginar su futuro lejos de la isla.

Ese círculo vicioso es quizás uno de los problemas más serios que enfrenta Puerto Rico hoy. Porque ningún país puede crecer si constantemente se convence a sí mismo de que su destino inevitable es achicarse.

Por eso, el escrito de Canto y los argumentos que en él esboza merecen atención. Porque obliga a replantear una pregunta esencial: ¿qué tipo de economía queremos construir para las próximas generaciones?

Puerto Rico no puede conformarse con sobrevivir fiscalmente. Tiene que aspirar a prosperar. Y prosperar en el siglo 21 requiere mucho más que disciplina presupuestaria. Requiere innovación, tecnología, creatividad, agilidad gubernamental y una visión económica capaz de atraer y retener talento joven.

Necesitamos un Puerto Rico donde nuestros jóvenes ingenieros, programadores, médicos, artistas, abogados y emprendedores sientan que aquí pueden construir una vida plena. Un país donde formar una familia no implique necesariamente contemplar Orlando, Dallas o Atlanta como próximo destino. Un Puerto Rico que invite a regresar a quienes se fueron y motive a quedarse a quienes todavía creen en las posibilidades de esta tierra.

Eso implica cambiar la conversación pública. Implica dejar atrás la idea de que crecimiento económico y ambición son conceptos incompatibles con responsabilidad fiscal. Implica entender que la sostenibilidad verdadera no nace únicamente de recortes o balances contables, sino de una economía vibrante que genere oportunidades, inversión y movilidad social.

Canto acierta al señalar que Puerto Rico posee ventajas reales: acceso al mercado estadounidense, capital humano altamente preparado, sectores económicos resilientes y capacidad para atraer inversión global si existe la voluntad de proyectar estabilidad y confianza. Lo que falta, muchas veces, no son recursos, sino visión.

Y precisamente ahí es donde voces como la de Canto aportan valor al debate público. Sus escritos no se limitan a la crítica fácil ni al comentario superficial. Son ejercicios de reflexión seria sobre el futuro económico, político y social de Puerto Rico, escritos con claridad, profundidad y una sensibilidad poco común en tiempos de tanta polarización y ruido mediático.

Vale la pena seguir su trabajo. Vale la pena leerlo con detenimiento. Y sobre todo, vale la pena que más personas participen de esta conversación sobre el país que todavía podemos construir. Puerto Rico necesita menos resignación y más imaginación. Menos administración del estancamiento y más visión de crecimiento. Menos laberintos y más caminos. Los escritos de Ignacio Canto son, sin duda, una invitación a pensar precisamente en esa dirección.

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