Opinión

El Sendero de la No Violencia

Lee aquí la columna de la doctora en teología.

La foto muestra a una columnista de opinión en el periódico Metro Puerto Rico
Sarah González López Columna de opinión en Metro Puerto Rico. (Metro)

La guerra que ha armado el presidente Donald Trump junto a su homólogo Benjamín Netanyahu contra Irán es altamente preocupante. Se reduce a un asunto de control petrolero y no a la amenaza inminente anunciada en el tema de las armas nucleares. Impugnando leyes internacionales con el mayor descaro, no solo se ven afectadas las esferas económicas de todo el planeta, la guerra también lo hace con la vida de muchos de los que están en la primera línea de batalla, además de con poblaciones civiles inocentes, niños y niñas incluidos, con viviendas, escuelas y edificios importantes y con patrimonios culturales de valor universal, sin contar los daños colaterales al ambiente, que no se contabilizan. Estas acciones bélicas, han minado la paz en la vida cotidiana tanto de los países más poderosos, como de los pueblos más vulnerables, entre los que se encuentra Puerto Rico. Como colonia de los Estados Unidos, sin duda y muy pronto, seremos partícipes con la parte agresora. Ya nuestra isla ha sido remilitarizada desde las acciones contra Nicolás Maduro.

Un sector de la población soñamos con un mundo de paz. Pero repetirnos una y otra vez que tenemos que construir una sociedad libre de guerras no basta. Es hora de pasar de la retórica a la acción con gestos concretos. Debemos hacer un ejercicio de libre conciencia y preguntarnos como pueblo pacífico, cuáles son los instrumentos reales que nos han de llevar por el sendero de la paz, lejos de los juegos políticos y de poder de estos dos mandatarios que también se reproducen a diario en nuestra política local. El Poder Ejecutivo y el Senado de Puerto Rico, perteneciendo al mismo partido, andan enfrascados en grescas que entorpecen los procesos de toma de decisiones. Sin duda han de cobrar su saldo negativo en las próximas elecciones.

Propongo que repasemos la ética de la no violencia como sendero hacia esa paz. Ese fue el legado del pastor, Dr. Martin Luther King, Jr., quien trabajaba bajo seis principios éticos básicos recogidos en su libro Stride Toward Freedom.

En primer lugar, la no violencia es el arma de la persona fuerte. Por el contrario, la violencia es el método de los cobardes como Trump y Netanyahu. Tanto Gandhi, otro defensor de la no violencia, como King nos instruyeron en la espiritualidad de la fuerza interna de cara a la fuerza física inherente a la violencia. En situaciones de injusticia y opresión, para alcanzar la paz, se activan las emociones y la fuerza mental. No es una práctica de pacifismo estático. Sin enajenarse de la realidad, mantiene la actividad espiritual.

Segundo, el último fin de la no violencia es la reconciliación y no la búsqueda de vencedores. King estuvo siempre seguro de que la reconciliación no se alcanzaría de forma inmediata. Su retórica daba cuenta de ello. “El método de la no violencia no obrará milagros de la noche a la mañana” escribió en el libro citado ya.

Tercero, el oponente es símbolo de un mal mayor: King asumió la lucha por los derechos civiles como una lucha desde los principios cristianos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo (Ef. 6:12). Por ello no dudó en oponerse a la Guerra de Vietnam también.

Cuarto, hay una aceptación del sufrimiento como vehículo de redención. La no cooperación traducida en desobediencia civil es según King, el arma contra la opresión social y económica, pero se traduce en sufrimiento que también incluye la posibilidad de entregar la vida voluntariamente por el otro o la otra que sufre; de otro modo se actúa como cómplice.

Quinto, está el principio del amor, pero no desde el palco de la ingenuidad. No es amor sensiblero ni obligatorio. Seguro de que el amor hacia el enemigo es prácticamente imposible, King creía en la posibilidad de pasar por encima de la desafección en aras de conseguir la reconciliación. Al final, solo el amor es el puente conciliatorio de la enemistad.

Sexto, King estaba convencido del principio místico de que el universo “conspira” con la justicia para el bien común. Esta creencia le unía en un gesto interreligioso. Otras religiones y filosofías de vida también afirman ese vínculo más allá de lo material, que potencia las virtudes universales para el beneficio de la humanidad entera.

Nuestras experiencias históricas de coloniaje que hoy nos tienen en vilo ante la amenaza que representa esta guerra, permean nuestro inconsciente colectivo y todas las estructuras del orden social también. Son heridas profundas que requieren de un proceso de sanación a nivel sicológico personal y social. Estos seis principios éticos, son el fundamento de la fuerza moral de la resistencia, necesaria para la transformación de nuestras experiencias históricas ya traumáticas, afirmando el sendero de la no violencia.

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