Opinión

El trabajador agrícola como eje de la seguridad alimentaria

Lee aquí la columna del economista agrícola.

columnista
Rafael Mejía García

Detrás de cada cosecha existe una figura que pocas veces recibe la atención que merece: el trabajador agrícola. Es la persona que siembra, recoge, poda, empaca, maneja ganado y sostiene la producción diaria. Sin ese trabajo constante no hay alimentos, no hay producción y tampoco existe un futuro agrícola viable. Durante años se ha puesto gran énfasis en la tecnología, los incentivos, la maquinaria y la infraestructura, pero con demasiada frecuencia se deja en segundo plano al recurso humano que hace posible la producción.

El país enfrenta una escasez de mano de obra agrícola. No se trata simplemente de que “la gente no quiere trabajar”, sino de que las condiciones y el valor social asignado al trabajo agrícola han quedado rezagados. En muchos casos, el salario no compite con sectores como la construcción, los almacenes o los servicios. En otros, falta estabilidad, adiestramiento, beneficios marginales o simplemente un trato respetuoso. Si se quiere atraer nueva mano de obra, primero hay que dignificar a la mano de obra existente.

Por eso resulta necesario explorar nuevas formas de valorizar el trabajo agrícola. Una alternativa es integrar modelos de participación en ganancias o esquemas tipo cooperativa dentro de fincas privadas. No se trata de que el agricultor pierda control sobre su operación, sino de crear un sentido real de pertenencia. Separar un porcentaje de acciones o de ganancias para los trabajadores —accionistas mientras permanezcan en la empresa— puede transformar la percepción del rol que desempeñan. No es lo mismo ser recogedor de café que formar parte de la empresa agrícola. Ese sentido de propiedad compartida genera compromiso, estabilidad laboral y orgullo por el trabajo realizado.

A la vez, es indispensable avanzar hacia salarios competitivos, beneficios marginales, programas de adiestramiento continuo y calendarios de trabajo más estables. El trabajador agrícola necesita oportunidades reales de crecimiento: manejar maquinaria, supervisar procesos, especializarse en manejo de plagas, inocuidad de alimentos o manejo de ganado. El trabajo agrícola debe ser reconocido como un oficio especializado y esencial para el funcionamiento del sistema alimentario.

También es posible ampliar la exposición al campo entre jóvenes y personas en procesos de rehabilitación o reinserción social. En el caso de los estudiantes, sería razonable establecer un requisito mínimo de 80 horas de experiencia agrícola a nivel de finca antes de graduarse de escuela superior, tanto en el sistema público como en el privado. Esta experiencia debe ser documentada y evidenciada con fotografías, registro de horas contacto, certificación del agricultor responsable con su firma, descripción de los trabajos realizados y un breve resumen de las experiencias y aprendizajes obtenidos. No resolverá por sí sola la escasez de mano de obra, pero puede cultivar respeto, vocación y familiaridad con el trabajo agrícola.

Para quienes están en procesos de rehabilitación o reinserción social, el trabajo agrícola también puede representar una oportunidad concreta de reconstrucción personal. El campo ofrece estructura, disciplina y contacto directo con procesos productivos que requieren responsabilidad diaria. Con programas bien diseñados, este sector puede convertirse en un espacio de formación y de integración laboral.

Nada de esto sustituye la necesidad urgente de apoyar, reconocer y fortalecer al trabajador agrícola que ya está en la finca. Es él —y ella— quien sostiene la producción diaria, mantiene vivas las operaciones y realiza algunas de las tareas más exigentes del sector.

Si se aspira a un sistema agrícola fuerte, resiliente y capaz de producir alimentos de forma sostenida, será indispensable reconocer el valor del trabajador agrícola. Compensarlo adecuadamente, ofrecerle estabilidad y abrirle oportunidades reales de crecimiento es una condición esencial para atraer nueva mano de obra y fortalecer el futuro productivo del país.

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