Cada niña que nace hoy en cualquier parte del mundo es altamente probable que nunca vea la igualdad económica entre hombres y mujeres. Ese es el tamaño real del desafío que enfrentamos.
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el mundo reflexiona sobre los avances alcanzados por las mujeres o los retrocesos encaminados para quitar derechos conquistados. Nos enfrentamos a una realidad incómoda: el progreso existe, pero no ocurre a la velocidad que exige el siglo XXI.
El Foro Económico Mundial estima que el mundo ha cerrado aproximadamente el 68.8% de la brecha global de género, pero al ritmo actual la igualdad plena tardará unos 123 años en lograrse.
Este dato no es solamente simbólico. Es también un indicador económico. Aunque es mucho tiempo, en 2024 esa cifra era de 132 años, lo que significa que en los últimos 12 meses nos hemos acercado 11 años más a la meta.
El Banco Mundial coincide en que integrar plenamente a las mujeres en la economía aumenta la productividad, fortalece la innovación y mejora la competitividad de los países. Cerrar la brecha de género no es únicamente un acto de justicia es una estrategia inteligente de desarrollo económico. La evidencia internacional es contundente las economías que invierten en el talento femenino crecen más rápido, innovan más y generan sociedades más estables.
Sin embargo, la paradoja persiste. Aunque las mujeres representan más del 41% de la fuerza laboral global, apenas alrededor del 28 al 31% llega a posiciones de liderazgo en empresas, organizaciones e instituciones. Este ha sido uno de los indicadores que se ha convertido en uno de los mayores desafíos estructurales de las economías modernas. Seguimos estando subrepresentadas en puestos que determinan estrategia económica, defensa, infraestructura y geopolítica.
Por otra parte, el índice global de derechos legales de las mujeres alcanza 67 sobre 100, pero cae significativamente cuando se mide su aplicación real. La intención muchas veces existe en el papel, pero no siempre en la práctica. Incluso si las leyes promulgadas se aplicaran en su totalidad, las mujeres tendrían apenas dos tercios de los derechos de los hombres.
El informe del Banco Mundial identifica los tres grandes retos con menor porcentaje en las economías: primero, la seguridad para la mujer, protegerla de la violencia; segundo, las barreras al empresariado por la falta de acceso a capital; tercero las pocas oportunidades de cuidado infantil, expande la brecha a nivel mundial.
Desde la perspectiva del derecho electoral y la gobernanza democrática, esta realidad plantea un desafío fundamental: una democracia no puede considerarse plenamente representativa cuando la mitad de su población no tiene presencia proporcional en las estructuras de poder.
La participación política de las mujeres debe transformar las agendas públicas. Diversos estudios internacionales muestran que cuando las mujeres participan en la toma de decisiones se priorizan políticas relacionadas con la educación, salud, emprendimiento y bienestar social.
Aún queda trabajo por hacer. El talento está ahí. Superar las barreras debe ser el centro de una agenda de país enfocada en el desarrollo económico.
En Puerto Rico, más del 40% de los pequeños y medianos negocios, ya cuentan con liderazgo femenino o copropiedad de mujeres. Y eso es liderazgo económico real. Cuando una mujer abre una empresa: genera empleo, activa su comunidad, aumenta la base contributiva, fortalece la cadena de suplidores locales y reinvierte en educación y bienestar familiar. Eso no solo es impacto social, es política económica en acción.
Las mujeres no están pidiendo espacio, están creando mercados.
La economía puertorriqueña necesita más mujeres como norma y no como excepción en: manufactura avanzada, en tecnología, comercio exterior, finanzas, infraestructura, arbitraje y resolución de conflictos y en inversión estratégica.
No solo aspiremos a estabilidad sino a expansión. Que no solo administremos negocios, sino que construyamos patrimonio. Que no solo participemos en la economía, sino que la diseñemos.
Porque cuando una mujer escala, no sube sola, arrastra oportunidades, abre puertas y redefine estándares. Si algo han demostrado las boricuas es que no esperan condiciones perfectas, crean condiciones competitivas.
Sigamos liderando con visión global y compromiso local. Sigamos tomando decisiones valientes, sigamos invirtiendo, sigamos ocupando espacio. Cerrar la brecha de género no es simplemente lo correcto. Es lo inteligente, es lo estratégico.
Porque el futuro económico de Puerto Rico no puede ni debe escribirse en otro lugar, tiene que ser desde el 100 x 35 pa’l mundo.
