Entonces los espíritus de los demonios reunieron a los
reyes en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.
Apocalipsis 16:16 (NVI)
Tras los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, presentados como operaciones militares “defensivas” para frenar el programa nuclear iraní, se ha intensificado en las redes sociales una narrativa que presenta estos acontecimientos como parte del cumplimiento de profecías bíblicas. Particularmente en sectores cristianos conservadores, se difunde la visión de que Donald Trump es el enviado de Dios para liderar la confrontación final entre “el bien y el mal”. Se presenta de manera implícita al Islam —y por extensión a Irán— como la “gran bestia” del Apocalipsis. Este tipo de interpretación, más ideológica que teológica, simplifica un conflicto geopolítico complejo transformándolo en un drama político-religioso. Al hacerlo, no solo contribuye a justificar intervenciones militares bajo un manto de legitimidad religiosa, sino que profundiza visiones maniqueas que impiden comprender las raíces históricas del conflicto, las dinámicas de poder en Oriente Medio y el uso estratégico de la retórica apocalíptica para movilizar apoyo político. Lejos de aclarar la realidad, estas lecturas apocalípticas la distorsionan y la instrumentalizan, convirtiendo eventos contemporáneos en materia prima para proyectos religiosos y políticos que nada tienen que ver con el análisis riguroso ni con la exégesis bíblica seria.
Trump y sus secuaces—Marco Rubio, Pete Hegseth y Bibi Netanyahu—me recuerdan más al falso príncipe que llega en un caballo blanco liderando a los cuatro jinetes del Apocalipsis que simbolizan la conquista imperial, la guerra, el hambre y la muerte (Apocalipsis 6:1-7) que al príncipe de paz enviado por Dios (Apocalipsis 19). De hecho, si siguiéramos la lógica literal de la derecha cristiana lo que estamos presenciando sería la gran batalla entre el dragón (China), la gran bestia (Estados Unidos e Israel) y el falso príncipe que engaña a las naciones y legitima el poder de la bestia, ese sería ¡Donald Trump!
Pero esta visión es un silogismo de la derecha cristiana y el sionismo israelí que se presenta como el pueblo escogido de Dios; lo cual es también otra falacia de la lógica fundamentalista cristiana. Los israelitas del siglo 21 NO SON “el pueblo de Dios”. Según la Biblia, Cristo vino a sellar un Nuevo Pacto para todos los pueblos del mundo. El pueblo escogido, Israel, rechazó y promovió la muerte por crucifixión de Cristo. Los judíos de hoy reclaman las tierras de sus ancestros, y repiten el desplazamiento y desposesión de quienes la ocuparon por milenios. Se rehúsan a compartir y asesinan en masa a los palestinos. Siendo Israel, además, el único país en el Oriente Medio con armas nucleares, hecho que se oculta en todo el discurso apocalíptico anti islámico.
En términos geopolíticos el ataque estadounidense a Irán y la guerra que acaba de comenzar es parte de una guerra contra los aliados de China que en 2025 importó 1.6 millones de barriles de petróleo diarios de Irán y cerca de 400 mil barriles diarios de Venezuela, entre un 15 y 17% de las importaciones totales de crudo en 2025. China importa además petróleo de Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Iraq, Oman y Kuwait. Los Emiratos Árabes y Arabia Saudita son, además, miembros de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) bloque que amenaza el dominio económico de Estados Unidos y del dólar como moneda dominante en el comercio y las finanzas internacionales. Aunque el Yuan no se ha convertido en divisa mundial, ha incrementado su uso en el comercio de bienes primarios (“commodities”) dentro de bloques como los BRICS. La respuesta de Irán al ataque estadounidense e israelí bombardeando objetivos militares estadounidenses en Arabia Saudita y Dubái crean fisuras dentro de los BRICS.
La solución al conflicto judío-palestino en un principio habría sido la creación de un estado LAICO binacional o dos estados que coexistieran en paz. La propuesta de paz de los acuerdos de Camp David, iniciados por la visita de Anwar Sadat a Jerusalem en 1977, proponía unos primeros pasos en esa dirección proveyendo un marco de autonomía para Cisjordania y Gaza. No obstante, ni los sionistas, ni los radicales islámicos viabilizaron el éxito de esta alternativa. La guerra de Irán parece cerrar opciones para soluciones de coexistencia pacífica en igualdad y respeto mutuo entre judíos, musulmanes y cristianos. Trump y Netanyahu han declarado la guerra de las civilizaciones contra el Islam, donde se impondrá la Pax Trumpiana al calor de los misiles, la destrucción masiva de ciudades árabes y el genocidio palestino. No es la guerra del fin del mundo, el Armagedón por el que rezan y oran los fundamentalistas anticipando el regreso de Jesucristo, pero podría ser la antesala a una tercera guerra mundial.
