Opinión

El Efecto Dominó: Por qué el futuro de Cuba se juega hoy en Irán

Lee aquí la opinión del catedrático de la UPR sobre lo que ocurre en Irán.

Efraín Vázquez Vera
Efraín Vázquez Vera

El actual enfoque militar de Estados Unidos sobre Irán está enviando ondas de choque que trascienden el Medio Oriente. Para los analistas estratégicos, hay un observador silencioso en el Caribe que toma nota de cada movimiento: el gobierno de Cuba. Más allá de las tensiones en el Golfo, la ofensiva estadounidense es una señal ineludible de la disposición de Washington a utilizar la fuerza militar como herramienta directa para lograr un cambio de régimen.

La actual administración estadounidense ha puesto las cartas sobre la mesa con tres objetivos interconectados en su ajedrez con Teherán:

  1. Neutralización total: Eliminar de raíz cualquier posibilidad de que Irán desarrolle su programa nuclear.
  2. Cambio de régimen: Desarticular la estructura de poder actual.
  3. Capitalización política: Utilizar este éxito geopolítico para arrasar en las elecciones de medio término (Midterms) de este mes de noviembre.

La ecuación de Donald Trump en Washington es clara. El objetivo tres depende exclusivamente de los primeros dos. Si logra desarmar a Irán y propiciar la caída de su liderazgo, el impacto electoral a su favor será masivo. Sin embargo, es aquí donde la geopolítica da un giro brusco hacia La Habana.

Esta acción estadounidense consolida un patrón de presión frontal (marcando ya un segundo gran esfuerzo por un cambio de régimen). La pregunta que resuena inevitablemente es: ¿Habrá un tercer intento? ¿Será Cuba?

El desenlace en Medio Oriente dictará el futuro inmediato de la isla caribeña bajo dos escenarios posibles:

  1. El peligro del fracaso estadounidense. Si Estados Unidos no consigue sus objetivos de cambio de régimen y neutralización en Irán, la administración podría verse políticamente tentada a buscar una victoria estratégica más cerca de casa para salvar la cara antes de las elecciones. Cuba podría convertirse en el escenario de ese tercer intento, enfrentando el peor de los casos: un ataque o intervención directa para forzar la caída del sistema.
  2. La presión del éxito estadounidense. Por el contrario, un triunfo rotundo en Irán enviaría un mensaje de disuasión abrumador. Si Washington logra sus objetivos uno y dos, Cuba se vería acorralada por el peso de las circunstancias. Ante una demostración de fuerza tan contundente, La Habana no tendría margen de maniobra, viéndose obligada a ceder a las exigencias estadounidenses e iniciar una transición política creíble para garantizar su supervivencia.

En fin, lo que ocurre a miles de kilómetros en Teherán tiene repercusiones directas y urgentes en el Caribe. En cualquiera de los dos escenarios, el actual sistema cubano se encuentra en una encrucijada existencial. El peor desenlace sería convertirse en el blanco de una campaña militar compensatoria, pero incluso el éxito absoluto de Estado Unidos en Irán forzaría a la isla a un cambio inminente. Hoy, el destino político de Cuba está atado, irremediablemente, a la pólvora en el Medio Oriente.

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