El Caribe y la nueva geopolítica de Estados Unidos
Lee la columna de Emilio Pantojas, Sociólogo
En estos días circula el documento de la Presidencia de Estados Unidos titulado “National Security Strategy of the United States of America”. En veintinueve páginas se establece con meridiana claridad la nueva visión estratégica internacional estadounidense: “garantizar que Estados Unidos siga siendo el país más fuerte, rico, poderoso y exitoso del mundo durante las próximas décadas…”
La nueva política exterior norteamericana se plantea entre otros objetivos un control total sobre sus fronteras y la inmigración para evitar flujos desestabilizadores; una infraestructura nacional resiliente que soporte desastres y amenazas externas; mantener el ejército más poderoso y avanzado del mundo; un sistema de disuasión nuclear moderno y defensas antimisiles de última generación; fortalecer la base industrial estadounidense para mantener la economía más fuerte, dinámica e innovadora como base de la prosperidad y del poder militar; un sector energético robusto y productivo que impulse el crecimiento y sea líder en exportaciones; mantener el liderazgo científico y tecnológico del mundo; conservar el “poder blando”, la capacidad de “persuadir e influir” positivamente en el mundo desde la confianza en la grandeza estadounidense; y restaurar la salud espiritual y cultural de la nación, con familias fuertes y ciudadanos orgullosos.
El documento deja claro que Estados Unidos quiere mantener su supremacía económica y militar a la vez que abandona su rol de policía global y consolida su dominio del hemisferio americano. Se habla de una política “no intervencionista” fuera del hemisferio y de no promover cambios de régimen en otras regiones del mundo. Se pretende establecer un “balance” político, económico y militar global, aceptando y promoviendo un nuevo orden multipolar en el que Estados Unidos intervendría fuera del hemisferio occidental sólo para mediar la paz o para garantizar sus intereses y compromisos estratégicos. Esto crea vulnerabilidades para alianzas tradicionales como la OTAN con Europa y ANZUS con Australia y Nueva Zelandia. En el Medio Oriente se pretende forzar la Pax Trumpiana y África queda en los márgenes de la geopolítica estadounidense.
En la página 15 del documento ser registra el “corolario Trump” a la doctrina Monroe: “Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro Hemisferio.”
La política norteamericana reafirma así el rol del Caribe como traspatio estratégico de Estados Unidos. El objetivo de la política de Trump es reafirmar el control de las vías comerciales, controlar el tráfico de drogas, armas y personas desde la región.
El componente militar de la estrategia se ha designado “Lanza del Sur” (Southern Spear) una estructura militar altamente integrada y multidisciplinaria diseñada para ejecutar una estrategia combinada de interdicción marítima, vigilancia avanzada y acción directa contra redes “narcoterroristas” en la región del Caribe y el Pacífico oriental.
Las fuerzas de la operación Lanza del Sur son lideradas por el Comando Sur, integrando fuerzas conjuntas del ejército, la marina de guerra y la fuerza aérea. Estas nuevas fuerzas estratégicas son parte del desarrollo de una “flota híbrida” que combina embarcaciones tripuladas, embarcaciones no tripuladas y drones. Este modelo de operaciones con fuerzas conjuntas híbridas comenzó a probarse en 2023 con la operación Windward Stack, coordinada por la Cuarta Flota Naval de los Estados Unidos con base en el estado de Florida.
Las nuevas operaciones han reactivado la base naval de Roosevelt Roads en Puerto Rico y han producido acuerdos de cooperación con República Dominicana para utilizar la Base Aérea San Isidro y el Aeropuerto de las Américas para el reabastecimiento de combustible. También se utiliza la base Soto Cano en Honduras y se podrían reactivar bases en Panamá y Guantánamo.
Lo que no se dice sobre la operación Lanza del Sur, ni sobre la nueva política internacional estadounidense es que su objetivo es el control hemisférico total, desde Groenlandia hasta la Patagonia. No se trata simplemente del control del tráfico de drogas, armas y gente, esa es la excusa. No existe tal cosa como el “narcoterrorismo”. El narco tráfico no es terrorismo, es un delito, una actividad criminal de mafias que incluyen estadounidenses blancos. La definición del narcotráfico como una actividad terrorista es un artilugio para justificar una ofensiva militar con fines ulteriores.
Esos fines ulteriores no son la restauración de la democracia en Venezuela, ni la usurpación del petróleo. El objetivo ulterior es el control del hemisferio y su riqueza mineral, particularmente los elementos de tierras raras que abundan en el arco del Orinoco y las selvas de la Amazonia, así como en Argentina, Chile y Perú. De estos elementos se obtienen minerales estratégicos para tecnologías avanzadas utilizadas desde teléfonos celulares y autos eléctricos hasta cohetes e instrumentos para la conquista interplanetaria. Brasil, Rusia, India y China están entre los países con mayores reservas de tierras raras y son cuatro de los cinco fundadores de los BRICS. Trump trata de quebrar esa alianza para sostener la supremacía estadounidense en el nuevo orden mundial.