Educación en emergencia: el plan que nunca llega
Lee aquí la columna de la estudiante doctoral de Psicología Investigativa en la UPRRP
Cada época de huracanes nos recuerda que, en Puerto Rico, vivir con la amenaza de desastres es parte de nuestro día a día. Los desastres no son simplemente fenómenos naturales, son el resultado de las acciones y las decisiones humanas. Su impacto depende de las condiciones sociales, políticas y económicas que nos rodean.
Sin embargo, las interrupciones que estos eventos provocan no pueden normalizar el que año tras año, la niñez y la juventud pierdan días, semanas y hasta meses de clase por falta de preparación y planificación del gobierno.
La respuesta del gobierno durante las crisis que hemos vivido (huracanes, terremotos, pandemia, apagones) ha sido insuficiente y evidencia la fragilidad de nuestro sistema educativo y la ausencia de planes efectivos para proteger el derecho a la educación. Como consecuencia, luego de María, hubo niños y niñas que perdieron aproximadamente 85 días de clases, casi la mitad de los 180 días lectivos establecidos por la ley.
La evidencia es clara: la interrupción en las escuelas afecta la salud emocional de los y las estudiantes, retrasa su aprendizaje y aumenta la pobreza en las comunidades. El aprendizaje de los estudiantes del sistema público ha quedado rezagado por años porque el Estado no ha priorizado la protección del derecho a la educación de calidad.
El Estado tiene la responsabilidad de garantizar que la educación sea continua y de calidad. Esto implica planificación previa, protocolos claros para reabrir las escuelas de forma segura, infraestructura adecuada, apoyo psicosocial para estudiantes, docentes y familias, entre otros. Para ello, es fundamental que se escuche a la niñez y la juventud. Lejos de ser víctimas pasivas, han desarrollado estrategias de resistencia para sostener su aprendizaje en medio del caos. Debemos escucharles más y reconocer el valor de sus iniciativas. Si queremos que las soluciones sean pertinentes y efectivas, las estrategias que esta población ha desarrollado para sostener su aprendizaje deben incorporarse en los planes oficiales de preparación y respuesta.
Cuando nos toque otro desastre, ¿volveremos a dejar a la niñez sin escuela por 80, 90 o 100 días? ¿Qué está haciendo el gobierno hoy para prevenir que esto vuelva a ocurrir? ¿Dónde están los planes para asegurar que, aun en medio de una emergencia, nuestra niñez y juventud siga aprendiendo sin quedarse atrás? No podemos esperar una próxima emergencia para exigir respuestas. Proteger el derecho a la educación, incluso en un desastre, es una obligación del gobierno.


