Entre boda y gemelos, se empató el juego
Lea la columna del periodista Rafael Lenín López
Es lo correcto decir que solo nos interesan las ideas, las propuestas y lo que tengan que decir los candidatos a puestos electivos sobre nuestros problemas cotidianos. Eso es lo políticamente correcto. Pero no nos llamemos a engaño. Todo lo que ocurra en torno a la vida personal de los aspirantes, sobre todos los de más alto rango como lo es un candidato o candidata a la gobernación, nos debe importar porque incide en su vida pública y en la forma en la que podrían enfrentar en lo sucesivo los temas de interés público.
Las cosas personales que nos ocurren a diario, a los “mortales”, particularmente las vinculadas a nuestros sentimientos más profundos, en ocasiones nos cambia la forma de ver los problemas y tiene impacto en nuestra vida laboral. Y eso no es distinto en la vida de los famosos, incluyendo los políticos, aun siendo estos eventos estratégicamente planificados. Por esto es importante, no tratar de lucir como los más puritanos exigiendo debates elevados dejando esos elementos a un lado y sí, estar pendiente a cómo estas cosas pueden cambiar las propuestas que hagan para atender nuestros problemas colectivos.
Dejando eso establecido, creo que entre Pedro Pierluisi y Jenniffer González se empató el juego para el 2024, pues ambos le han impartido el elemento del “reality show” a sus candidaturas. Por más genuino que sean las acciones personales de cada uno, sus estrategas buscarán sacarle chispa a esas circunstancias para hacerlos lucir más humanos y de vez en cuando distraer la discusión pública cuando se torne caliente o negativa hacia alguno de ellos.
Hagamos un poco de historia sobre circunstancias similares en nuestra política local. A finales de los ‘90, el entonces gobernador Pedro Rosselló anunció que padecía de cáncer, que fue atendido a tiempo, y ello coincidió con el huracán que le supuso a su administración la privatización de la entonces Puerto Rico Telephone Company. En la década siguiente, la administración de Sila Calderón fue matizada con varios eventos personales que le impartieron un aire novelesco a su gestión. Hubo un divorcio y luego un casamiento con su entonces ayudante en asuntos económicos. Durante la administración de Ricky Rosselló, su esposa Beatriz quedó embarazada de su segundo hijo. Y como estos ejemplos hay tantos otros. Algunos con impacto en la gestión pública, otro con ninguno.
Mas allá de estos eventos, que son algunos de los muchos más en nuestra historia política, hemos visto y seguiremos viendo a los aspirantes hacer sus anuncios acompañados de hijos, esposas, esposos, familiares y cualquier otro elemento personal que le imparta humanización al momento.
Lo importante de esto es, no ignorarlo, sino complementarlo con las cosas más importantes que son las ideas y propuestas para atender nuestros problemas. Hay que saber separar la paja del grano, sin menospreciar uno o el otro. De ese conjunto, tomar nuestras decisiones de quienes son las mejores personas para ocupar cargos electivos. Sí, personas, porque al final elegimos personas como usted y yo para ascender al poder que sienten y padecen, cada cual según sus circunstancias de vida. ¿Qué usted cree?