Próximo capítulo: el o la comisionada…pero, ¿importa?
Lea la columna del periodista Rafael Lenín López.
Ya la competencia para la candidatura a la gobernación está definida en el PNP con la primaria entre Jenniffer González y Pedro Pierluisi. Ahora el próximo capitulo en esta novela azul será conocer quienes competirán por la silla de Washington, silla que dejará vacante González en enero del 2025 ya sea para juramentar como Gobernadora, o luego de haber quedado desempleada en las primarias o elecciones generales del 2024.
Más allá de teorizar sobre quienes aspirarán, quiénes son los de mayor capacidad o cuál tiene más potencial para recogerle votos a quien sea que corra para La Fortaleza, quiero hacer una pregunta de raíz, ¿no está demasiado sobrevalorada esa posición en el contexto político electoral boricua? Podríamos pensar que sí.
¿Y por qué pudiera estar sobrevalorada esta posición? Hay sus razones históricas que lucen ser bastante livianas. La candidatura a ese cargo político en la papeleta nacional es el remanente de lo que en un momento dado la gente llamaba “la sábana”. Le decían así porque en una sola papeleta aparecían todos los candidatos a los puestos electivos, desde el gobernador, los legisladores hasta las planchas municipales. Con el pasar de los años y por razones puramente estratégicas desde el punto de vista electoral, los candidatos y partidos pidieron ir separándose de papeletas. ¿Por qué? Sencillo. No querían cargar con el fracaso de otro. Es decir, los alcaldes ni los legisladores querían ser víctimas de un castigo del elector al candidato a gobernador. Entonces, después de todas las separaciones, sobrevivió en la papeleta principal, junto al o la candidata a la gobernación, el o la candidata a Comisionado Residente de Puerto Rico en Washington.
Esto ha provocado que con el pasar de los años se le dé una importancia exagerada al cargo y hasta una connotación de una especie de vicegobernador o vicegobernadora, cargo que existe en muchos estados norteamericanos. Visualizamos al Comisionado como la segunda figura electa más importante del país, cuando no necesariamente lo es. El Comisionado Residente es una persona sin voz ni voto en el Congreso de los Estados Unidos para procurar por los intereses de Puerto Rico. Es un delegado o delegada, con aires de embajador, pero pagado por el legislativo federal, que cobra importancia de cuando en vez como ha ocurrido recientemente con las necesidades de fondos tras los desastres naturales en nuestras islas. De cuando en vez también y según fluctúen los ánimos entre el Gobernador o Gobernadora y esa figura washingtoniana, cobra más o menos importancia el otro funcionario isleño que pagamos en la capital federal, el o la directora de la Administración de Asuntos Federales de Puerto Rico (PRFAA, por sus siglas en ingles). Esa es la otra “embajada nuestra” creada hace unas cuantas décadas para que el Gobernador tuviera una figura de mayor confianza que respondiera a sus intereses.
Regresando a la actualidad, ¿tendríamos la discusión sobre quienes aspirarían a Washington si esa candidatura estuviera representada en nuestra papeleta legislativa (donde debe estar pues es un funcionario que responde al legislativo federal) o en una papeleta separada?
No. La tenemos porque al o la candidata a la gobernación le es importante tener un o una candidata a Comisionado Residente que le sume votos a su candidatura. Un candidato flojo o con demasiados “negativos” (como se dice en el argot de las encuestas políticas) a Washington pudiera significar un fracaso para el partido que desea controlar La Fortaleza. O peor aún, un candidato que lo que busca en el puesto un trampolín para La Fortaleza como ha ocurrido con todos los comisionados recientes.
Es importante que los candidatos ganen o pierdan por sus méritos o deméritos, no por los de otros. Es hora de repensar muchas cosas y esta es una de esas.