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title: "Columna de Armando Valdés: (Des)conexión cubana"
description: "Nota del autor: Esta es la segunda entrega de una serie sobre mis impresiones de Cuba durante un viaje reciente al hermano país."
canonical: "https://www.metro.pr/opinion/2015/08/04/columna-armando-valdes-desconexion-cubana"
section: "Opinión"
subsection: "Blogs"
author: "Armando Valdés @armandovaldes"
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published: "2015-08-04T03:00:00.000Z"
updated: "2022-02-19T14:45:59.917Z"
publisher: "Metro Puerto Rico"
language: "es"
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# Columna de Armando Valdés: (Des)conexión cubana

_Nota del autor: Esta es la segunda entrega de una serie sobre mis impresiones de Cuba durante un viaje reciente al hermano país._

Por Armando Valdés @armandovaldes · Opinión / Blogs · 2015-08-04T03:00:00.000Z

Aun con todas las limitaciones al acceso del ciudadano a la internet, el cubano no está del todo desconectado y, como siempre, la inventiva de este pueblo rompe las barreras de cualquier bloqueo o las arbitrariedades de cualquier censura estatal. La mayor parte de la población está al día con las últimas telenovelas mexicanas y con los realities hispanos producidos en Miami gracias a “el paquete”, un compendio semanal de varios gigabytes de datos que incluye tanto programas de televisión como aplicaciones para teléfonos móviles, películas de estreno y cuanto otro contenido comercial se pueda traficar en un humilde USB que pasa de mano en mano por el módico costo de un CUC.

Igual, se sabe de la existencia de una red de intercambio de datos, con velocidades de hasta 100 Mbps, que corre desde Santa Fe, una localidad en el municipio de Playa, hasta La Habana Vieja, a una distancia de más de 20 kilómetros. Aunque no provee de acceso a la internet, todo el cableado fue instalado por jóvenes interesados en montar competencias multiusuario de los últimos videojuegos de consola.

Así pues, el cubano, en efecto, está consumiendo contenidos en formas que aún a nosotros nos parecerán novedosas, no por su innovación técnica, sino por la astucia que denotan.

Lo que sí es común es que para la mayoría de los cubanos, como para la mayoría de nosotros en Puerto Rico y en el resto del mundo, los medios son principalmente un entretenimiento. En conversaciones con amigos y familiares, pocos conocían de Yoani Sánchez y su gestión opositora a través de Generación Y y 14ymedio. La respuesta usualmente era la misma: “¿Y cómo se supone que lea un medio cibernético?”.

Pero más allá de la dificultad que pueda haber en acceder a estos sitios, percibí también un sentido de que Sánchez no le prestaba suficiente atención en su trabajo a las transformaciones que, en efecto, se están dando en la sociedad cubana. Y aunque ciertamente las restricciones al acceso a la información eran una constante queja de todo cubano al que le ponía el tema, el pueblo encuentra formas de burlar estos obstáculos y expresar su oposición en formas genuinamente autóctonas.

Pensar que Cuba cambiará por la agitación cibernética de un puñado de valientes es pretender una comprensión del país desde la óptica del activismo tuitero que populariza cualquier causa con un video viral o un hashtag. En cambio, vi mayor oposición y resistencia en la observación incisiva de un comediante, en una red subversiva de videojuegos y en la importación pirateada de influencias culturales indomables.

Esas son las disidencias cotidianas que desde adentro están obligando al Gobierno a repensar su relación con EE. UU. y con sus ciudadanos. Ciudadanos que de paso se preocupan y discuten con gran aprensión lo que significará la entrada sin filtros ni controles de informaciones y contenidos que sin duda tendrán grandes efectos sobre la identidad nacional cubana. ¿Qué se perderá a cambio de esa interconexión? ¿Existe una correlación entre el control paternalista del Estado y la seguridad que viven los cubanos? A su vez, ¿habrá igual relación entre los derechos ciudadanos en una democracia liberal y la inseguridad? ¿Será posible tener una sin la otra?

Por mi parte, admito que disfruté esos días desconectado y que, al montarme en el avión para regresar, me sentía en conflicto con mis propios principios sobre la inminente conexión de Cuba a un mundo que antes era inmenso, pero que ahora es del tamaño de la pantalla de un celular. A muchos quizás ya se les ha olvidado lo que es poder perderse en una ciudad sin tener en todo momento una voz fría y mecánica dándole a uno direcciones. Otros quizás nunca han conocido lo que es perderse en pensamiento o en una buena conversación, sin la obsesión constante de verificar el último mensaje recibido. En La Habana se pueden vivir ambas experiencias con la mayor normalidad.

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