Opinión: La vida sin él
Hace un mes Tom y yo nos despedimos en el aeropuerto de San Francisco luego de pasar juntos la Navidad. Yo viajé a Tampa sola a visitar a mis hermanas, para…
Por Lily García
Hace un mes Tom y yo nos despedimos en el aeropuerto de San Francisco luego de pasar juntos la Navidad. Yo viajé a Tampa sola a visitar a mis hermanas, para después regresar a Puerto Rico. Con ese viaje a California cerramos el último capítulo en nuestra vida como pareja.
Nosotros nos habíamos divorciado hace siete años, pero volvimos a los pocos meses. Como todas las relaciones, la nuestra ha sido un proceso que ha conllevado de ambas partes mucha adaptación, compromiso y paciencia. Pero el amor siempre le había ganado a nuestras diferencias.
En esta ocasión, su deseo de regresar a California y vivir cerca de su familia volvió a convertirse en un problema. Mi familia y mi carrera están aquí, por lo menos por el momento. Él no es feliz aquí, y yo no lo sería allá. Entendiendo ambos esta realidad, decidimos separarnos en armonía.
“¿Y cómo te sientes?”, me preguntan aquellas personas que se van enterando. Me siento como si me hubieran arrancado un pedazo del alma. Me siento como si una parte mía se hubiera separado de mi cuerpo. Me siento como cualquier persona que ha tenido una pérdida significativa en su vida. Pero sé que el tiempo lo cura todo siempre y cuando uno ayude a ese tiempo en el proceso de sanación. Y yo creo que lo estoy ayudando. Cuando me golpea el dolor, lloro; cuando el coraje toca a la puerta, respiro y, generalmente, lloro un poquito más, y cuando me siento sola, me permito sentir la soledad en vez de huirle. Pero aun en medio de todo eso, me estoy dando permiso para ser feliz.
Estoy viviendo un día a la vez, practicando lo que predico: enfocándome en lo que tengo en vez de lo que he perdido. Y lo que tengo es tanto… Tengo un claro propósito de vida, una red de apoyo de familia y amistades que valen un millón, y una fortaleza espiritual sólida.
Sé que Tom y yo vamos a ser amigos siempre. Pero en estos momentos la distancia emocional es necesaria. Compartimos comentarios en Facebook, textos y conversaciones cortas y al grano sobre asuntos que tenemos que discutir. Pero el desapego tiene que ser gradual. Alguien que estuvo bordado en tu piel por casi quince años no puede ser tu “pana” de un día para el otro. Les confieso que eso es lo más difícil: el no escucharlo, sentir sus abrazos y reírme con él.
Pero sé que vamos a estar bien. Mientras tanto, procedo a comenzar a escribir el nuevo libro de mi vida sin él. Capítulo I: tengo que empezar a bailar más, porque, para mí, como dice la canción de Ricky, “bailando todo se arregla”.
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