Opinión: ¡Benditos hoyos!

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

25 mar 2014, 11:00 pm 4 min de lectura

Puerto Rico debe tener la terrible distinción de ser la porción de tierra con mayor número de hoyos por metro cuadrado.

Hay tantos que ya nos hemos acostumbrado a convivir con ellos y nos resulta tan natural como comprar pasta dental el elegir entre guagua o carro a la hora de comprar un vehículo de motor.
 Por once años tuve una guagua con la que jamás tuve problemas de gomas, excepto por algún clavo o por mi dejadez en asuntos de mantenimiento. ¿Qué culpa tiene la carretera de que yo no sepa qué es rotar gomas? ¿Qué culpa tiene la carretera de que me dé cuenta de que estoy en peligro de aparecer contra un poste durante unas lloviznas porque las gomas ya están como slice de queso?

Ahora la rapidez con que las gomas experimentan el deterioro sí es motivo para evaluación y desarrollo de una tesis doctoral de ingeniería civil. Me atrevo a servir de recurso para el estudio. Lo hago gratis y pensando en el bien común del resto de los conductores.

Hay carreteras en Puerto Rico, o tramos de estas, que dan entre risa y ganas de llorar. Hace unos años, por ejemplo, la avenida Campo Rico era para mí una especie de superficie lunar, algo así como un campo de batalla o el setting de alguna película de Universal Pictures, titulada “La guerra de los meteoritos”. Aquellos no eran hoyos, eran cráteres.

Desde que tomabas el principio de la carretera al lado del Walgreens y del McDonald’s (sí, en Puerto Rico siempre estás al lado de uno de ellos) hasta que salías a la autopista, ibas como en un ride de Disney, de un lado para otro y con movimientos bruscos en la carretera. Siempre he fantaseado con que al lado del Walgreens había un letrerito de advertencia, como los del parque temático, en el que te anunciaban que transitar esa avenida podía causar dolores de espalda, dolores de cuello y aceleración cardiaca.

Pa que te montes en el ride advertido en el que no necesariamente será divertido el trayecto y en el que siempre hay la posibilidad de que se afecte tu salud.

Claro, la advertencia del pequeño tramo inconveniente habría tenido que ser colocado justo en esa farmacia y de camino a la autopista, porque si cogías la ruta a la inversa, o sea, de la autopista hacia la farmacia, adivine con qué se iba a encontrar… ¡con la 65 de Infantería! ¿Qué, quééééé? Así que ahí el letrero es otro: “Usted y su auto entran a su propio riesgo. No nos hacemos responsables por daños a vehículos menores a la dimensión de un camión”.

Y así ocurre en todas partes en esta bendita isla llena de hoyos. Hasta en el expreso te los encuentras, así que sugiero a los que hacen el examen de licencia de conducir que enmienden el manual ese que hay que leer antes de tomarlo. No es cierto que el carril izquierdo es para pasar temporeramente de carril. Digan la verdad. El carril izquierdo se hizo para que la gente con carros normales eviten permanentemente el derecho, que siempre está cundido de hoyos. El libro debería decir: “Por el bien de su cu…ello y del tren delantero de su auto, solo transite por la izquierda”.

En estos días he vivido la diferencia entre tener un carro tamaño normal y una guagua. Debo decir que extraño mi guagua vieja por razones que van más allá de la nostalgia.

Uno busca economizar en estos tiempos difíciles y se cree que un auto compacto puede ser la solución. Sorpresa, sorpresa. WRONG! El mismo primer día que cambié la guagua por un carro cogí un hoyo en la PR-30 que sentí en el coxis y en la clavícula. Unjú. Y mi carro nuevo lo sintió en el aro, roto en dos partes. Por la cara de mi esposo, que iba de pasajero, deduzco que no lo sintió tan físicamente como yo. Eso sí, lo sintió en el bolsillo entre reparación del aro y goma nueva.

Y no les miento cuando les confieso que al tercer día mi carro llegó en grúa a la casa porque se explotó la misma goma en la misma PR-30. Me quedo corta cuando les digo que esa primera semana llegué a casa con dolor muscular todos los días. Entre el estrés de evitar los hoyos y la consecuencia física de tomar uno.

Es una lástima que un contribuyente se relama de alegría al escuchar la palabra brea, que significa que por ahí vienen a ponerte un parcho al hoyo en lo que se vuelve a fastidiar.

Los seguros de autos deberían incluir visitas al quiropráctico. Hay que salvar el cu…ello.

Vea también estas notas: 18 municipios se quedarán sin agua por inspección superacueducto Morderse las uñas se convertirá en un trastorno ment Desconocido el paradero de mujer policía de vídeo sexual