Opinión: Vivir gestionando

Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia

20 mar 2014, 11:00 pm 2 min de lectura

Hay personas que pueden hacer gestiones y otras que creen no poder hacerlas. Supongo que habrá quien diga que no todos hacemos gestiones. Podría estar de acuerdo momentáneamente, cuando recuerdo situaciones en las que he delegado algo y ha salido al revés. Sin embargo, llevo la vida depositando confianza en que todos podemos hacer gestiones.

La palabra gestión implica una acción, la de hacer una diligencia para lograr un negocio o un fin. En nuestro país asumimos la gestión como el sinónimo de andar en la calle haciendo trámites, la fila del banco, pagar la luz, pelear algún impuesto en Hacienda, alguna reunión en la escuela o la visita a las benditas agencias del Gobierno y sus filas, y sus pintorescos personajes. Hacer una gestión cobra vida solo en el margen de su acción pragmática.

Propongo que también pensemos en la gestión como la acción de moverse hacia el fin propio de empujarnos. Movernos con la única dirección  certera  de sentir que el vaso está siempre medio lleno. Hace algunos días, estuve ofreciendo charlas de motivación en escuelas, en oficinas gubernamentales y círculos privados laborales, con la principal consigna “Un poquito de felicidad no viene mal”. Un poquito de felicidad es como el pie forzado que inicia esa gestión hacia lo que nos mueve, hacia lo que nos gusta, hacia donde se siente, pero no necesariamente se ve.

Ya sé, suena muy clichoso, pero es eso lo que pasa con lo que es lógico: se transforma en un cliché, en una moda, en una gestión solo pragmática. Por eso propongo, aunque sea como un ejercicio momentáneo, el pensar en la gestión como la voluntad de movernos todo el tiempo hacia eso que nos llena solo porque nos llena y nada más.  Hacer gestiones en la calle tal vez no sea para todos, pero hacer gestiones por uno mismo es algo innato. La diferencia de quien cree que no puede hacerla, quien las hace y quien empuja a otros a imaginarlas es lo dispuesto que estamos a vivir sin miedo a aprender.

Cuando todo está al revés, ya sea porque delegamos a otros la responsabilidad de nuestras vidas o porque llevamos toda la vida pensando solo en lo que podría salir mal, la gestión de empujarnos parece imposible.  Ahora  adoptemos el repetido gran dicho “No hay peor gestión que la que no se intenta”, y sin  vueltas ni escapes propongo sumarnos  al  movimiento de uno mismo hacia uno mismo. Sin muchas explicaciones lógicas, clichosas o pragmáticas, sino por la única necesidad de hacer lo inevitable nos guste o no: vivir gestionando.

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