Opinión: No quiero cubrir velorios

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

18 mar 2014, 11:00 pm 4 min de lectura

¿Qué hace un periodista cuando no quiere cubrir ciertas noticias? Aparte de entrar en un toma y dame con el jefe de información que lo envía a cubrir las incidencias diarias, negarse podría considerarse una insubordinación laboral. En muchas ocasiones, los temas que cubrimos no son necesariamente los que nos gustan y casi nunca podemos decidir qué cubrir. Explicar lo anterior a las personas que llaman para que cubramos una buena noticia positiva es arduo porque ellos no conocen cómo es la dinámica en una sala de redacción.

Hace años llevo un velorio a cuestas. De camino a cubrir un velatorio de una niña fallecida por ahogamiento en una playa de la zona norte del país, reflexioné sobre por qué los noticiarios se empeñan en cubrir ese tipo de contenido que evidentemente no es de mi agrado. Si le pregunto a un productor, probablemente conteste que es importante porque él lo considera noticia, pero si le indico que me explique por qué y cuál es la pertinencia, de seguro no tendrá respuesta. Mejor sería, entonces, que me contestara que aquí, en Puerto Rico, a la gente lo que le gusta es el melodrama. Así por lo menos encontraría una respuesta que, aunque no lógica, sí explica por qué el empeño de cubrir el dolor ajeno.

Una estudiante de maestría de la Universidad de Puerto Rico realizó un estudio sobre el melodrama en los noticiarios de la Isla y encontró que a las audiencias en el país les fascinan observar, cuan obra teatral, las figuras con aspectos sentimentales, dolorosos o trágicos. También halló que los noticiarios se apropian de ese contenido con la pretensión de ocasionar emociones diversas en el público y, por ende, mantenerlo cautivo en los minutos de medición de audiencias. Si usted observa los noticiarios internacionales, se dará cuenta de que casi todos solo cubren velatorios de trascendencia, como, por ejemplo, el del líder sudafricano Nelson Mandela. Con esto no estoy diciendo que una persona es más importante que otra; a lo que me refiero es a poner sobre la mesa el debate de la relevancia de los actos de vida de esa persona fallecida, el derecho a la privacidad de la familia versus el interés que tiene el público por la agonía de los demás.

Durante el trayecto a la funeraria donde estaba el cuerpecito de la infante, pensé en las ocasiones que las familias de los finados nos niegan la entrada, lo cual respeto. Ansié que me pasara una vez más, pues no quería cubrir el velorio. Caminé muy despacio hasta que llegué a la puerta de la capilla. Allí estaban los padres de la niña fallecida. Los dos me miraron y sin mediar palabra, la frágil mujer me dijo: “La contestación es no… pero necesito un recuerdo de lo único que me importa en la vida, mi hija”. La respuesta me destruyó. Era una familia pobre que no tenía dinero para darse lujos de comprar cámaras fotográficas. La angustiada madre pretendió que recogiera con nuestra cámara ese instante de dolor no para fines de la audiencia, sino para apaciguar su dolor. Le expliqué que nuestro formato de grabación era diferente y que no lo podía ver como una película en su casa. Sin más palabras el fotoperiodista grabó la escena. Nunca se transmitieron esas imágenes para el público. Días más tarde le hice llegar a los padres el triste momento en un formato que sí podía observar en su hogar.

Cuando llegó la Navidad  de ese año, recibí una tarjeta de esa humilde familia expresando su agradecimiento. Me satisface saber que confió en mis palabras de que no utilizaría su tristeza para obtener más audiencia. Han pasado años y todavía no he podido librarme de cubrir velorios. De hecho, hace cinco días me enviaron a la funeraria donde velaban el cuerpo del policía Joaquín Correa Ortega, asesinado en medio de un operativo. En medio de las tristes circunstancias, me alegré que no me dejaran entrar una vez más a la capilla, porque lo que me retumbaba en la cabeza era el pedido comprensible de la familia que perdió a su única hija. Desde ese día llevo ese velorio a cuestas.

Te recomendamos los siguientes artículos:

  1. Cinco ventajas de las mujeres “llenitas”
  2. Procesan hombre que viajaba con drogas y miles de dólares
  3. Fotos: Horrores ortográficos que te causarán taquicardia