Opinión: ¿Dónde está la grasa?
Ya se logró la emisión y en La Fortaleza celebran la transacción. Sin embargo, se trata de un negocio que, aunque atiende sin muchos remedios una situación fiscal inmediata, representa una vergüenza pues dramatiza décadas de mala administración del erario.
Previo a la emisión, el Gobierno iba agresivamente al mercado prometiéndolo todo. Como dice el gobernador, todo estaba sobre la mesa. El ELA les prometió a los bonistas que, si no se generan los recaudos esperados, los recortes en los gastos del Gobierno podrían elevarse a los $1,500 millones y hasta se plantearía enmendar la Constitución para elevar el margen prestatario. Así que todo estuvo sobre la mesa.
Dijo muy acertadamente en esos días un economista que el Gobierno trataba a los bonistas con la inteligencia y transparencia con la que no trata al país. Y es que, al día de hoy, no tenemos tan siquiera una fecha para la presentación del tan cacareado Plan de Reconstrucción. Lo que sabemos es que en las próximas semanas se presentará ante la Legisatura el mensaje de estado para el que se ha reclutado un comité que asesora al primer ejecutivo sobre “cuatro problemas de fondo”.
De entrada ese plan para “la reconstrucción” del país ha comenzado mal. No solo por lo tardío, sino porque ha carecido de un debate previo, abierto y organizado.
¿Dónde ha estado concentrado el análisis sobre la grasa que hay que cortar en el Gobierno? ¿De dónde saldrán los ahorros de $800 millones, que no sean del ya golpeado bolsillo del ciudadano? La evaluación ha sido tan secreta que temo que los burócratas que trabajan estos asuntos andan desorientados en un oscuro laberinto.
De que hay grasa que cortar, la hay. Si usted se pasea por el portal de la Oficina de Gerencia y Presupuesto, se percatará de la cantidad de oficinas con nombres raros y presupuestos grandes que de seguro le han servido a una ínfima parte de la población. Otras tienen nombres rimbombantes, pero su productividad es altamente cuestionable.
Por eso al burócrata, asesor o comité que esté buscando grasa en el Gobierno por aquí va una lista por donde puede empezar a mirar:
— Oficina de Puerto Rico en Washington;
— Oficina de Asuntos de la Juventud;
— Comisión Estatal de Elecciones, sus Juntas de Inscripción Permanente, las asignaciones millonarias a los partidos políticos y la oficina del Contralor Electoral;
— las oficinas de permisología ante una posible duplicidad de funciones entre la Oficina de Gerencia de Permisos, el Inspector de Permisos y la Junta Revisora de Permisos;
— las procuradurías… ¿son necesarias?:
— Oficina del Inspector General;
— Administración de Asuntos Energéticos;
— en el campo laboral, la Administración de Desarrollo Laboral, la Junta de Relaciones del Trabajo y la Oficina de Capacitación Laboral (OCALARH) ante la posibilidad de duplicidad de funciones con Departamento del Trabajo;
— la Junta de Libertad bajo Palabra y la Oficina de Servicios con Antelación a Juicio.
Como estas agencias hay decenas más que de seguro producen grasa de la que se puede cortar. Claro, para ello se necesita un desprendimiento total de la vestimenta partidista que ciega a nuestros gobernantes, ya que habrá que reasignar recursos y poner a trabajar a mucha gente que ha hecho del batatal político una carrera profesional.
Una vez se detecten y recorten esos excesos, la meta tiene que ser hacer las oficinas más eficientes. El profesor Richard Blanco, de la Escuela Graduada de Administración Pública de la UPR, me recordaba esta semana cómo de allí sale mucha gente capacitada para administrar lo público y el Gobierno no los mira como talento a reclutar.
Ayer estuve en la inauguración del Tribunal de Caguas. Un edificio hecho en alianza con el sector privado. Para resumir, el edificio nos costará, al cabo de 30 años, $654 millones. Esto representa $146 millones menos de lo que la administración pretende ahorrar para el próximo presupuesto, para todo el Gobierno. Sabiduría, gente, sabiduría. Veremos si la hay en las próximas semanas.
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