Que las mujeres no sean solo un 8 de marzo

Por Karixia Ortiz Serrano

6 mar 2014, 11:00 pm 3 min de lectura

La avalancha de mensajes y, curiosamente, de felicitaciones toma relevancia popular en la semana que coincide con el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Es en conmemoraciones de esta índole que muchos vuelven a replantearse lo que realmente es celebrar un día de la mujer. Interesante es preguntarse si a tales efectos se debe felicitar o si se debe dedicar un día exclusivamente a mirar los asuntos de las mujeres. Pero, es preocupante que en pleno siglo XXI grupos de mujeres tengamos que seguir luchando y haciendo visible la desigualdad tan violenta con la que hemos vivido a lo largo de la historia mundial desde las diferentes vertientes. Este día nos recuerda lo poco que se ha avanzado y se nos presenta como un claro reflejo del lugar que seguimos ocupando las mujeres, que es el rechazo, la disparidad y la exclusión. Todo ello por simplemente ser mujeres.

Hace algunos días en Puerto Rico, el legislador Manuel Natal trabajó unas medidas que hacen “obligatorio” el que las mujeres sean retribuidas de la misma manera que sus compañeros hombres al realizar la misma labor. En otras ocasiones, en el plano laboral también se ha abogado porque en el escenario del empleo no haya discriminación por orientación sexual del individuo como cita la Ley 22 de 2013, producto del “famoso” Proyecto del Senado 238. Igualmente, fuera de las relaciones del trabajo, existe la Ley 54 de 1989 que establece la intervención y prevención de la violencia doméstica aunque, según ha pasado el tiempo, en la discusión pública se ha modificado acertadamente el lenguaje al nombrarla como ley contra la violencia de género.

Estas herramientas, por mencionar solo algunas, buscan de cierto modo resolver el desequilibrio que permanece entre ambos grupos iguales y/o diferenciados por múltiples razones. No obstante, lo que nos deja ver realmente es que en Puerto Rico, como en otras partes del mundo, se vive una palpable deficiencia en la discusión y en la atención en los temas de género. Ante esta realidad es que proyectos como estos cobran relevancia y es importante que se hagan y que permanezcan. Pero, también surgen como “parches” ante un panorama social y legal que muy pocas veces muestra atención de manera urgente y cuya falta es la existencia de una ley o plan general que actúe sobre los temas de desigualdad.

He tenido la oportunidad de realizar estudios de género en la Universidad de Oviedo que me han acercado a distintas iniciativas estatales o sociales en otros países que tratan con mayor detenimiento los asuntos de igualdad. Esto me permita realizar una comparativa y desear que Puerto Rico desarrolle una Ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres como se implementó, por ejemplo, en España en el año 2007 y de la cual se desprende un Plan Estratégico de Igualdad, donde cada objetivo, intención y motivación incide en cada política, en cada ley y en cada proyecto gubernamental que se diseña en el estado europeo. Claro, esto solo en términos de la tinta sobre papel. Pero, algo sólido y básico es imprescindible para que cale de alguna manera y prospectivamente en las nuevas políticas públicas y en el pensamiento de la gente de a pie. “Lo personal es político”, arguyó la pensadora feminista estadounidense Kate Millet. Esto nos invita a seguir planteándonos a las mujeres no solo esta semana, sino en nuestra cotidianidad, no tan solo para resaltar todo lo positivo que aportan a nuestra sociedad y/o vidas, sino para politizar todas las desigualdades que siguen sufriendo.

El tema de la equidad es pertinente y el que no lo vea así es porque no ha vivido o no ha querido reconocer la real violencia física, verbal y gestual que a diario no dejan de vivir las mujeres de toda raza, religión, estatus social, pensamiento… en sus casas, en la calle y en todos lados por donde transitamos.